Leyendas de mayas y aztecas: el origen del cielo, el mar y la tierra

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En un principio, todo era silencio, calma. Todo estaba callado y vacío. No había ni hombres, ni animales; ni pájaros, ni peces. Tampoco había piedras ni árboles. Absolutamente nada, sobre la faz de la tierra. Tan solo el cielo y el mar.

Únicamente el Creador, Tepeu, Gucumatz, los Progenitores, que se encontraban en el agua, envueltos en la luz, y escondidos bajo plumas azules y verdes, de donde viene su nombre: Gucumatz. Así existía el cielo y el Corazón del Cielo, que es nombre de Dios.

Nace, entonces, la palabra al venir juntos Tepeu y Gucumatz, que comenzaron a dialogar, consultándose entre ambos, al tiempo que meditaban. Pronto llegaron a un acuerdo: cuando llegase la claridad, debía aparecer el hombre. Para acomodar la llegada de este, dispusieron la creación y el posterior crecimiento de los árboles. Nacía así la vida y, por consiguiente, la creación del hombre. Corazón del Cielo dispuso que se le llamara Huracán.

El primer hombre se llamó Caculhá Huracán, el segundo será Chipi-Caculhá y el tercero Raxa-Caculhá. Estos tres hombres serán el Corazón del Cielo.

Tepeu y Gucumatz siguieron dialogando, pues mucho era lo que quedaba por hacer. Estando en tinieblas, había que conseguir que amaneciera y aclarase. Y, ¿quién producirá los alimentos?

Era necesario retirar las aguas, para que apareciera la tierra, donde el hombre tenía que habitar. Y así se hizo gracias a la intervención de Tepeu y Gucumatz. Surgieron las montañas, emergiendo del agua y crecieron. Y entre montañas y valles, crecieron los árboles. Y Gucumatz, rebosante de alegría y satisfacción, dijo:

–¡Buena ha sido tu venida, Corazón del Cielo, tú Huracán, y tú, Chipi-Caculhá, Raxa-Caculhá!

A lo que ellos respondieron:

–¡Nuestra obra, nuestra creación será terminada!

Esta fue la creación, cuando así lo dispusieron el Corazón del Cielo y el Corazón de la Tierra, que así se llamó a los que primero la fecundaron, cuando esta se encontraba bajo las aguas, y el cielo estaba en suspenso. La obra fue perfecta, gracias a hacerla posible, tras pensar y meditar sobre su perfecta ejecución.

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Ramón Martín Pérez
Ramón Martín Pérez
Aficionado y amante de la Historia, sin aditivos políticos o partidistas. Mi pasión es dar a conocer y divulgar, de forma sencilla, algunos aspectos de esa Historia que a todos nos gusta recordar. Autor del blog Cosas de Historia y Arte.

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