En el día internacional de la Mujer…

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Desde los diferentes medios de comunicación se dirá casi todo sobre ésta histórica fecha (y digo «casi» porque nunca será suficiente todo lo que se diga al respecto).

Sabido es que día a día se demuestra la importancia del papel de la mujer dentro de la sociedad.

Y cierto es que, a lo largo de la historia, el mundo ha ido desarrollando un cambio gradual como lógico producto de un proceso natural. En dicho cambio los seres vivos se han modificado, también el resto de objetos del mundo natural.

«Nada es como era entonces», lo sabemos, tampoco las formas de vida.

Esa «evolución» a la que refiero no se ha dado de igual medida entre hombres y mujeres debido a que la sociedad de otras épocas otorgaba  misiones muy distintas al género femenino.

El protagonismo del hombre en tiempos pasados fue notorio. Sabido es que se le atribuía al varón la tarea de salir de casa a buscarse el sustento, de prepararse militarmente para luchar por su país si fuese necesario, de disfrutar de diferentes actividades que le convertía en hombre libre. El hombre, por diferentes razones, salía a la vida.

La mujer, en cambio, estaba sujeta a una relación de dependencia, se ejercía sobre ella una especie de exagerado cuidado otorgándole una protección excesiva.

En la infancia y en sus años mozos eran los padres sus cuidadores, luego, cuando llegaba el tiempo de la reproducción, y si la joven se «ennoviaba», solía  tejer y bordar ilusiones y ajuar para prepararse para el matrimonio, el que le permitiría la independencia de sus padres para pasar a depender de su esposo.

Así ha sido el ayer de los tiempos, aquella realidad no se puede negar. Hoy, en cambio, el progreso no solo nos han traído confort sino que la mujer, después de una lucha permanente por recuperar sus derechos, tiene idéntico papel que el hombre dentro de la sociedad.

Son mujeres las que se desenvuelven profesionalmente, son mujeres las que ocupan diferentes puestos de trabajo, generalmente también son mujeres las que cuidan de sus mayores en situación de dependencia.

El papel de la mujer ha sido y es fundamental dentro de la sociedad actual, quizás gracias a la lucha de aquellas adelantadas pioneras que se pusieron en pié para batallar contra la injusticia que se ejerciera sobre ellas.

A día de hoy la mujer se ha convertido en un pilar sólido por su capacidad de acción y, además, porque sin la maravillosa naturaleza femenina, no existirían ni siquiera descendientes.

Cuánta grandeza en la naturaleza femenina, ¡cuanta!

Cierto es que también, y aunque los avances en la incursión de la mujer al mundo actual son visibles y palpables, aún queda mucho por alcanzar.

Quedan reconocimientos pendientes que merecerían formalizarse y lo más doloroso y urgente es que aún quedan cuestiones por erradicar, sobre todo en algunas culturas que se empecinan en conservar tradiciones que coartan libertades individuales.

Lo dicho: aún queda por reivindicar a la mujer, pero es positivo saber que se sigue avanzando en la lucha por lograr un mundo con sitio apto para la humanidad en su conjunto, sin restricciones por etnias ni por otras condiciones.

Llegará el tiempo ansiado por todas, seamos optimistas, ese será un tiempo donde los diferentes puntos de la tierra se conviertan en  escenarios limpios desde donde se pueda caminar tranquilamente en cualquier dirección, sin sobresaltos, sin miedos.

Podríamos convertir el mundo en un paraíso para que los niños y las niñas crezcan felices sin tener la necesidad de inculcarles miedo para prevenirles de los riesgos del mal.

Ya va siendo hora de que se acabe el flagelo que ha afectando a tantas niñas y mujeres, que desaparezcan las violaciones, las coacciones y las palizas.

Ojalá que esos horribles temas pasen a ser solo un terrorífico recuerdo de un pasado que no se repetirá.

La mujer se merece un mundo a su medida, un mundo de iguales, un mundo de paz. Eso es la «evolución», evolucionar siempre a mejor.

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Silvia Alasino
Escribo para la gente que valora la vida. Solo si se tiene sensibilidad, se habrá encontrado el verdadero sentido de nuestra existencia. Mis primeros libros: «El círculo» y «Emigrando».

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