China ha cerrado la fase más crítica del tifón Bavi con una imagen que resume bien el alcance de la emergencia: millones de personas trasladadas preventivamente, grandes ciudades costeras semiparalizadas y, después del impacto inicial en Zhejiang, el riesgo desplazándose hacia el interior y el nordeste del país. A 16 de julio de 2026, el balance disponible muestra que Bavi ya no es solo la historia de un tifón que tocó tierra en la costa oriental china, sino la de un sistema enorme y persistente que mantuvo su capacidad de lluvia mucho después de debilitarse.
El tifón, el noveno de la temporada en el Pacífico occidental, tocó tierra dos veces en Zhejiang durante la noche del sábado 11 al domingo 12 de julio. El primer impacto se produjo en Yuhuan, ciudad costera de Taizhou, hacia las 23.20 hora local; poco después, alrededor de la medianoche, el centro volvió a entrar por Yueqing, dentro de Wenzhou. Llegó con vientos sostenidos cercanos a los 144 kilómetros por hora en el momento del impacto, una intensidad equivalente a un huracán de categoría 1 en la escala atlántica, aunque el peligro principal no se limitó al viento. El volumen de humedad que arrastraba el sistema fue el verdadero problema: lluvia intensa, marejadas, deslizamientos y una banda de precipitaciones capaz de alcanzar zonas muy alejadas del centro.
Las cifras de evacuación han ido cambiando con el paso de las horas, y no todas miden exactamente lo mismo. Reuters situó el total nacional en más de 2,8 millones de personas evacuadas a partir de recuentos de medios estatales, con más de 2,2 millones solo en Zhejiang. Al mismo tiempo, informaciones oficiales difundidas por Xinhua y CCTV elevaron a 2,68 millones el número de personas reubicadas por las autoridades de Zhejiang antes del impacto, una diferencia que parece responder al momento del recuento y al uso de categorías distintas —evacuación, traslado preventivo o reubicación—. A esas cifras se sumaron más de 290.000 personas evacuadas en Shanghái, más de 180.000 en Fujian y, ya con el sistema avanzando hacia el norte, más de 260.000 en Liaoning por las inundaciones asociadas.
El dato central de la emergencia no fue solo que Bavi tocara tierra en Zhejiang, sino que obligó a mover a millones de personas antes de que el riesgo se desplazara hacia el interior y el nordeste de China.
En Zhejiang, la provincia más golpeada por el impacto inicial, las autoridades suspendieron clases, cerraron zonas turísticas, paralizaron cientos de obras y habilitaron miles de refugios de emergencia. En Yueqing, más de 1.300 árboles quedaron derribados, incluidos al menos 700 arrancados de raíz, según la televisión estatal china. Las imágenes difundidas desde la zona mostraron calles anegadas, maquinaria retirando troncos y desprendimientos en carreteras de montaña. En Yuhuan, algunos vecinos describieron una noche de lluvia entrando en viviendas y comercios, con daños materiales todavía pendientes de evaluar de forma completa.
El transporte también quedó muy afectado. Los aeropuertos de Pudong y Hongqiao, en Shanghái, prepararon la cancelación de alrededor de 653 vuelos, mientras que los servicios ferroviarios y aéreos sufrieron interrupciones en varias provincias. En Hangzhou, capital de Zhejiang, se suspendieron servicios en estaciones importantes y se cancelaron centenares de vuelos. La alteración no se limitó a los puntos costeros: cuando Bavi perdió categoría y pasó a tormenta tropical, siguió alimentando lluvias torrenciales en Anhui, Jiangsu, Shandong, Hebei, Liaoning y Jilin.
El episodio se agravó porque Bavi conservó una estructura inusual durante mucho tiempo. El Centro Meteorológico Nacional de China señaló que el sistema se había reclasificado como tormenta tropical el domingo, pero el martes todavía se movía hacia el mar de Bohai o el mar Amarillo. Para entonces, seguía activo tras más de doce días de vida, más del doble de la duración media de un tifón, y había mantenido fuerza de supertifón durante unas 135 horas. También dejó varios registros meteorológicos llamativos: China Daily, citando a previsores del Centro Meteorológico Nacional, lo describió como el tifón de julio más fuerte que haya tocado tierra en Zhejiang desde que existen registros modernos en 1949. Su campo nuboso llegó a superar los 1.500 kilómetros antes de tocar tierra.
Aunque Bavi perdió fuerza sobre tierra, mantuvo suficiente humedad para convertir una emergencia costera en una amenaza prolongada de inundaciones tierra adentro.
El desplazamiento del peligro fue evidente en el norte. En Hebei, las inundaciones dejaron carreteras bajo más de dos metros de agua en el condado de Kuancheng, según un relato local recogido por Reuters, y alrededor de 1.800 vecinos quedaron aislados. En Liaoning, las autoridades ordenaron suspender clases y buena parte de los servicios de transporte en ciudades como Shenyang, donde circularon vídeos de calles convertidas en canales improvisados. El Ministerio de Recursos Hídricos informó de decenas de ríos por encima del nivel de alerta, una señal de que el problema ya no era únicamente el paso del tifón, sino la acumulación de agua sobre cuencas saturadas.
Fuera de China continental, Bavi también dejó efectos relevantes. Antes de tocar tierra, pasó al norte de Taiwán sin impacto directo, pero las autoridades taiwanesas notificaron al menos 134 heridos, en su mayoría por caídas, objetos arrastrados por el viento o accidentes en superficies resbaladizas. En Japón, las islas Sakishima habían sufrido antes vientos fuertes y cancelaciones de vuelos. La península coreana permaneció bajo aviso por lluvias intensas entre el 13 y el 16 de julio, con especial preocupación por el noroeste de Corea del Norte. En China continental, las primeras informaciones de Reuters del 12 de julio no recogían fallecidos ni heridos oficiales vinculados directamente al impacto inicial de Bavi, aunque la situación de inundaciones posteriores seguía bajo seguimiento.


















