Arqueólogos de Wessex Archaeology anuncian el hallazgo de una estructura neolítica en Bulford, Wiltshire, que podría haber funcionado como un “prototipo” temprano de la alineación solar que más tarde haría famoso a Stonehenge. La palabra prototipo exige prudencia: no se ha encontrado un monumento de piedra ni una copia en miniatura del círculo. Lo que queda son fosos, huellas oscuras en la tierra y una geometría que, al reconstruirse, apunta hacia los solsticios.
El punto clave del hallazgo está a unos cinco kilómetros de Stonehenge, en terrenos de Bulford excavados dentro del Army Basing Programme del Ministerio de Defensa británico, un plan de obras y viviendas militares que obligó a estudiar el subsuelo antes de construir. Las excavaciones originales se realizaron entre 2015 y 2017, y sacaron a la luz 48 fosos con cerámica, huesos de animales, sílex trabajado y carbón. La datación por radiocarbono sitúa ese conjunto hacia 2950 a. C., en torno a hace 5.000 años. Es decir, en la misma época de las primeras obras de tierra de Stonehenge, pero unos cinco siglos antes de que se alzaran las grandes piedras sarsen que hoy sostienen su imagen mundial.
“Lo hallado en Bulford no es otro círculo de piedra: es una línea casi borrada que sugiere que la obsesión solar de Stonehenge venía de antes.”
La estructura central habría estado formada por dos postes de madera separados por unos 120 metros. Los postes desaparecieron hace milenios, como era esperable, pero los fosos donde estuvieron clavados conservaron la pista. Según Wessex Archaeology, estaban alineados para señalar la salida del sol en el solsticio de verano y la puesta del sol en el solsticio de invierno, la misma lógica astronómica que se asocia al eje principal de Stonehenge. El análisis fue realizado por el arqueólogo del paisaje celeste Fabio Silva, que reconstruyó el cielo, el horizonte y el terreno neolíticos y calculó que la alineación encajaba con una precisión de aproximadamente un grado.
El detalle casi irónico es que Phil Harding, arqueólogo muy conocido en el Reino Unido por su trabajo en Time Team y director de la excavación, no vio de inmediato lo que tenía delante. Según relató a medios británicos, fue al revisar el plano y unir con regla dos grandes fosos anómalos cuando la dirección empezó a tener sentido. A partir de ahí, el supuesto desorden de agujeros dejó de ser solo basura arqueológica y pasó a comportarse como una escena ritual: marcas de postes, restos de comida, herramientas, cerámica y quizá reuniones breves pero intensas alrededor del sol.
Uno de los fosos contenía además un raro cuchillo de sílex con forma de disco, colocado de manera deliberada. Los investigadores creen que podría haber funcionado como referencia simbólica al disco solar, aunque esta interpretación debe leerse como hipótesis, no como hecho cerrado. También se han identificado restos de banquetes o consumo comunal, lo que encaja con la idea de concentraciones religiosas o ceremoniales. No hay pruebas directas de qué dioses, relatos o miedos estaban detrás de aquellas reuniones. Lo razonable es hablar de comunidades que observaban el cielo y convertían esa observación en un acto social.
Stonehenge, por su parte, no nació de golpe. English Heritage sitúa la colocación de las grandes piedras hacia 2500 a. C., mientras que las obras iniciales de tierra son anteriores. La importancia de Bulford es que desplaza parte de la atención hacia una fase previa, más humilde y seguramente efímera, hecha con madera y no con megalitos. Wessex Archaeology plantea que pudo existir una estructura parecida en el Stonehenge temprano, aunque cualquier rastro habría quedado destruido por las obras posteriores. Esa posibilidad no puede demostrarse por ahora, pero ayuda a entender por qué el equipo habla de “prototipo”.
“El hallazgo no resuelve el enigma de Stonehenge; más bien lo agranda, porque coloca antes de las piedras una tradición solar ya organizada.”
Conviene rebajar la tentación de convertir la noticia en una solución definitiva. El equipo prevé publicar los resultados completos en una próxima comunicación de The Prehistoric Society y en una publicación mayor sobre el Army Basing Programme. Hasta que esos trabajos estén disponibles y revisados, el hallazgo se sostiene en la datación, el plano de los fosos, la reconstrucción astronómica y el contexto arqueológico. Es mucho, pero no autoriza a rellenar los huecos con druidas, calendarios perfectos o ceremonias descritas como si alguien las hubiera filmado. Lo que sí parece sólido es que, en Bulford, hace unos 5.000 años, alguien levantó madera para mirar el sol con una precisión sorprendente.
Hoy el sitio no es una atracción visitable. Wessex Archaeology señala que los restos no están abiertos al público, y la prensa británica ha informado de que el terreno forma parte de una zona ya transformada por viviendas del Ministerio de Defensa; uno de los fosos podría quedar bajo el salón de una casa y otro en un área recreativa. Esa imagen, un posible antecedente de Stonehenge bajo una vivienda moderna, resume bastante bien la noticia: el pasado no siempre aparece en un templo aislado, a veces surge debajo de una obra pública y obliga a corregir el mapa mental de un paisaje que parecía agotado.

















