El libro más peligroso del mundo mata a sus incautos lectores

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Seguramente a más de uno le habrá venido a la mente el Segundo libro de poética de Aristóteles, que trata sobre la comedia como forma de conseguir la catarsis. Es el libro sobre el cual gira la trama de El nombre de la rosa (1980).

La novela se desarrolla en el invierno de 1327, en una abadía benedictina italiana, poseedora de una copia del libro aristotélico. Sus hojas están impregnadas por un veneno letal que hace efecto a medida que el lector va humedeciendo sus dedos para poder pasarlas de forma más expeditiva.

Todo es ficción ya que no conservamos ninguna copia de la obra del filósofo griego, tan solo una referencia que aparece en el Tractatus Coislinianus, un manuscrito del siglo X, que se encuentra actualmente en la Biblioteca Nacional de París.

Sin embargo, sí disponemos otro libro que podría causar efectos similares al de la ficción recreada por Umberto Eco.

Un color que mató a miles de personas

Si viajásemos en el tiempo y pudiéramos visitar una casa victoriana, habría muchos objetos que nos llamarían poderosamente la atención, desde los plúmbeos cortinajes hasta los muebles de madera, pasando por las alfombras estampadas o el curioso revestimiento de las paredes.

Detengámonos en estas últimas. En el siglo XIX causaba furor entre la alta burguesía inglesa el empapelado con tonos verdes intensos y motivos florales.

Papel pintado de William Morris con verde de Scheele
Papel pintado de William Morris con verde de Scheele.

Para conseguirlos, los fabricantes recurrían a un peligroso elemento químico conocido como “verde de Scheele”, en alusión a su inventor, el químico y farmacéutico sueco Carl Wilhelm Scheele (1742-1786).

Esta sustancia no era otra que la que ocupa el lugar número treinta y tres de la tabla periódica de los elementos, el arsénico. Con ella se obtenían agentes colorantes a un precio económico y de una forma sencilla.

Con este pigmento la tonalidad verdosa era mucho más llamativa y brillante que la obtenida hasta ese momento con la malaquita. Al furor del nuevo tinte se rindieron artistas de la talla del inglés Joseph Turner o del impresionista Édouard Manet.

Con el verde de Scheele se pintaba en aquella época prácticamente todo…, a excepción del pelo (todavía habría que esperar un siglo para que apareciese el movimiento punk).

El libro más peligroso del mundo tiene arsénico entre sus hojas
El verde de Scheele contenía arsénico y era un verde claro (verde manzana)

Desgraciadamente el pigmento era una trampa mortal para sus compradores. Cuando se pasaba mucho tiempo en las habitaciones en las que había este tinte se inhalaba un compuesto volátil derivado del arsénico que era altamente tóxico y, en muchos casos, letal.

Es difícil precisar con exactitud el número de fallecidos a consecuencia del verde de Scheele, pero estamos hablando de miles de personas. Se podría decir que, literalmente, todas ellas sucumbieron por culpa de la moda.  

El libro más peligroso del mundo tiene arsénico entre sus hojas

En 1874 un profesor de química estadounidense, Robert M. Kedzie, publicó un libro en el que advertía de los peligros del arsénico en los hogares victorianos. Cuando se puso a redactarlo su intención era meridianamente clara: evitar la muerte accidental de incautos compradores.

El libro más peligroso del mundo tiene arsénico entre sus hojas

La verdad es que la tirada del tratado fue muy reducida, afortunadamente tan solo vieron la luz un centenar de ejemplares. En sus páginas, además de explicar los peligros del empapelado, incluía más de ochenta muestras de los mismos.

Cuando salió a la luz Sombras de las paredes de la muerte, el autor no podía sospechar que se transformaría por sí mismo en un auténtico peligro por culpa nuevamente del arsénico.

Los lectores no advertidos se podían envenenar al pasar con sus dedos las páginas del libro que contenían las muestras del empapelado con el pigmento.

En este momento tan solo quedan cuatro ejemplares del libro de Kedzie, uno de ellos en la prestigiosa biblioteca Buhr, de la Universidad de Michigan. Los otros ejemplares se encuentran en la Universidad Estatal de Michigan, en Harvard y en la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos.

Para el lector ávido de curiosidad que no quiera perderse la oportunidad de verlo sin correr ningún tipo de peligro, lo puede consultar en la versión digitalizada de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos.

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Pedro Gargantilla
Médico, escritor y divulgador. Jefe de Medicina Interna del Hospital de El Escorial de Madrid. Profesor de la Universidad Francisco de Vitoria.

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