Aníbal y Escipión: diálogo de dos enemigos

Aníbal y Escipión, Escipión y Aníbal, dos de los generales más grandes del mundo antiguo, cuya participación en las distintas batallas de la segunda Guerra Púnica fueron consideras como épicas.

Aníbal Barca siempre quedará en nuestro imaginario cruzando los Alpes con sus tropas y elefantes, liderando a los cartagineses en Tesino, Trebia y Trasimeno y, sobre todo, en Cannas infringiendo a los romanos una de sus peores derrotas. Consiguió sembrar de terror a la mismísima Roma. ¡Aníbal ad portas!

Y Publio Cornelio Escipión, el que conquistó la capital púnica en la Península Ibérica Qart Hadasht, derrotando a las huestes cartaginesas en Baécula, Orongis, Ilipa y la posterior toma de Gadir, último bastión púnico en la península. Y por supuesto, quien derrotó a Aníbal en Zama.

Orígenes similares, finales idénticos

Ambos, hijos de la aristocracia de Cartago y Roma, descendientes de generales y militares de excepción, incluso tuvieron un final político similar, al ser ambos exiliados de sus respectivas ciudades.

Pero ¿qué pensaba el uno del otro? después de todo lo que habían vivido. Resulta difícil dar respuesta a esta cuestión, aunque para algunos autores clásicos como Tito Livio o Apiano puede que existiera una entrevista entre los dos grandes generales, años después de que el romano derrotara al cartaginés en el norte de África.

Aníbal arengando a sus tropas en Cartago
Aníbal arengando a sus tropas en Cartago (Mbmrock / Wikipedia)

Al tener que exiliarse de Cartago, Aníbal ofreció sus servicios de asesoramiento militar al rey seléucida Antíoco III quien, además, se encontraba enfrascado en sus cuitas con Roma, siempre Roma, a quien pretendía atacar. Al mismo tiempo, Escipión formaba parte de una delegación diplomática encargada de negociar con Antíoco para evitar una guerra.

El encuentro, según dicen las fuentes, pudo producirse en la ciudad de Éfeso en el año 193 a.C.

El reconocimiento del rival importaba más de lo imaginado

Según Tito Livio, la conversación versó, como no podía ser de otra manera, sobre el mundo militar, y Escipión le preguntó al púnico quién consideraba el mejor general de la historia. Este contestó que Alejandro Magno, por sus victorias y sus avances hacia oriente, donde nadie antes había pensado llegar.

El romano aceptó sin discrepar esa respuesta y abordó la siguiente pregunta sobre quién seguiría al macedonio en ese particular ranking. Esta vez Aníbal se decantaría por Pirro de Epiro ya que «había sido el primero en enseñar el arte de emplazar un campamento, aparte de que nadie lo había superado en habilidad para elegir terreno y organizar una defensa; además había demostrado tal arte para atraerse a la gente que los pueblos de Italia preferían el imperio de un rey extranjero al del pueblo romano, tanto tiempo a la cabeza de aquel país».

Escipión 'el africano'
Escipión ‘el africano’ ordena liberar al sobrino del Príncipe de Nubia después de que fuera capturado por Roma (The Walters Art Museum)

Era evidente que Escipión iba buscando un reconcomiendo propio por parte de su encarnizado enemigo, por eso, repitió la pregunta esta vez buscando el tercer puesto. La respuesta no pudo sorprender más al romano cuando Aníbal le respondió que el tercer general más importante era él mismo, haciéndole un relato de todas sus proezas. A lo que Escipión le interrogó qué opinión tendría de haberle derrotado, siendo la respuesta que, en ese caso, estaría por encima de Alejandro y Pirro. En lo que se podría considerar como un halago encubierto al vencedor de Zama.

Posibilidad de reencuentro en un campo de batalla

De lo que si hay certeza es de que pudieron tener la oportunidad de enfrentarse años después en un campo de batalla, doce años después de Zama: Aníbal como asesor militar de Antíoco y Escipión acompañando a su hermano Lucio en calidad de legado. El lugar podría haber sido la batalla de Magnesia en el año 189 a.C., pero el destino no quiso que la historia variara su devenir y ni uno ni otro pudieron estar presentes. Escipión por enfermedad y Aníbal apartado por Antíoco.

Como todas las grandes personalidades de la historia, con grandes capacidades, muestran su gran dosis de ego y su necesidad de reconocimiento.

«Vale la pena insistir en una visión general, la de que, de manera señalada, cada sociedad, cada cultura, tiende a contemplar la guerra de una sola manera, que afecta a cómo lucha y, de resultas de ello, a cómo puede ser derrotada. Esto puede comprobarse en numerosos periodos de la historia, pero la diferencia entre dos filosofías ante la manera de hacer la guerra raramente ha quedado tan bien ilustrada como lo fue durante las Guerras Púnicas». – Adrian Goldsworthy, La caída de Cartago.

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