Algo sobre los cuentos

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Si hoy nos dispusiéramos a recordar algunos episodios de nuestra infancia, seguramente aparecerán aquellos cuentos que oímos de boca de abuelas, educadores, padres o amiguitos.

Quizás se deba a ese recuerdo perdurable que algunos cuentos se convirtieron en clásicos y fueron trasmitidos de generación en generación: Blancanieves, Caperucita Roja, Los tres Cerditos, Cenicienta…

Hasta que luego psicólogos y educadores determinaron que no eran los más adecuados argumentalmente, aún así, algunos siguen teniendo cierta vigencia, aunque modificados.

Se ha evolucionado mucho en las narraciones para adecuarlas a la conveniente formación de niños y niñas.

Introducirse en otras historias siempre ha sido maravilloso, y si a ello se suma que quien narra ese cuento es ameno, se llega a disfrutar de ese ambiente especial que se crea, el mismo que nos transporta al escenario donde se desarrolla la acción.

Con la lectura de novelas y con las películas ocurre igual, algunos autores y cineastas nos atrapan. Ellos poseen la magia de permitirnos abandonar temporalmente nuestra propia historia para conocer otras vidas, otras circunstancias que se desarrollan en otros paisajes.

Todo ha comenzado desde un «cuento», que no es otra cosa que una narración a partir de una idea, la misma contiene protagonistas que llevan un hilo conductor hasta llegar a un desenlace, a veces el que deseábamos, otras veces no.

Existen personas muy imaginativas que llegan a fabricar historias maravillosas, incluso mundos fantásticos, pero lamentablemente también existe gente que inventa «cuentos» que atañen a la vida de otras personas porque se extralimitan demasiado.

Siempre ha existido gente que se «ocupa» de las vidas ajenas. Lanzar información sobre otras personas es como arrojar plumas en un día ventoso, será una labor  imposible la de intentar recogerlas luego; igual ocurre con los rumores, enseguida se propagan, y pueden afectar demasiado al aludido.

Pasa el tiempo y, sin embargo, esas prácticas de «contar» detalles sobre vidas ajenas sigue siendo una constante en los barrios, en los lugares de trabajo, hasta dentro de las familias.

Los medios de comunicación con sus programas del «corazón» también son un mal ejemplo de ello, hablan de la gente famosa no solo en aspectos que atañen a su vida profesional sino también de lo que debiera de pertenecer a su intimidad. 

Cuando nos informan sobre el accionar de otra persona, solo nos aportan información, la cual ni siquiera sabemos si será veraz o malintencionada, por eso quizás no lleguemos a comprender el por qué,  para ello habrá que entender y profundizar, lo que solo ocurre cuando la información recibida viene de boca del propio protagonista, es allí cuando estaremos en condiciones de «ponernos en sus zapatos».

Decía Epicteto que «nadie es libre si no es dueño de sí mismo», la idea es no permitir que nos roben lo que nos corresponde, es «nuestra» vida, nos pertenece… Vivámosla a nuestra manera intentando que la difamación y los comentarios malintencionados no nos afecten.

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Silvia Alasino
Escribo para la gente que valora la vida. Solo si se tiene sensibilidad, se habrá encontrado el verdadero sentido de nuestra existencia. Mis primeros libros: «El círculo» y «Emigrando».

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