Seguir un Mundial ya no consiste únicamente en sentarse frente al televisor y esperar el resumen nocturno.
La experiencia actual se reparte entre retransmisiones en directo, clips virales, paneles de datos avanzados y notificaciones constantes que convierten cada acción en una microhistoria.
El Mundial de Catar 2022 fue un punto de inflexión en esa transformación. Según cifras publicadas por la FIFA tras el torneo, más de 5.000 millones de personas interactuaron con contenidos relacionados con la competición a través de televisión, plataformas digitales y redes sociales, un alcance que confirma hasta qué punto el Mundial se ha integrado en un ecosistema informativo permanente.
Con ese precedente, el Mundial de 2026 llega con un doble desafío. Por un lado, será el primero organizado de forma conjunta por tres países, Estados Unidos, México y Canadá, y el primero con 48 selecciones, lo que amplía de forma considerable el calendario, el número de partidos y la diversidad competitiva.
Por otro, se disputará en un contexto en el que la etiqueta de “favorita” se construye tanto en el césped como en rankings oficiales, modelos estadísticos y análisis que circulan por medios.
Plataformas de datos y entornos de información deportiva donde conviven desde informes técnicos hasta espacios gestionados por operadores regulados como William Hill, que integran análisis y secciones informativas donde aparecen referencias a promociones de casa de apuestas como parte del paisaje digital previo a los grandes torneos.
La pregunta de fondo no es solo qué selección parte como favorita, sino qué significa realmente ese favoritismo en un Mundial más grande, más expuesto y más medido que nunca.
Un Mundial más grande cambia el mapa del favoritismo
El Mundial de 2026 será el más extenso de la historia del torneo.
Más selecciones implican más cruces, más desplazamientos y más contextos competitivos distintos, factores que influyen directamente en el rendimiento de los equipos llamados a llegar lejos.
La triple sede introduce además variables logísticas inéditas, como viajes entre países, diferencias climáticas y adaptación a horarios, elementos que antes apenas se consideraban en el análisis previo y que hoy forman parte del debate técnico.
La ampliación a 48 equipos también altera la lectura de la fase de grupos.
Las selecciones consideradas favoritas deberán gestionar un arranque más largo y con mayor riesgo de desgaste, mientras que equipos con menos tradición, pero proyectos consolidados pueden encontrar escenarios propicios para competir sin la presión histórica que pesa sobre las grandes potencias.
Qué dice el ranking FIFA sobre las selecciones favoritas
El ranking FIFA sigue siendo uno de los puntos de partida más utilizados para identificar candidatas.
En la última actualización masculina publicada a finales de 2025, España encabeza la clasificación, seguida de Argentina, Francia e Inglaterra, con Brasil y Portugal asentadas también en la parte alta.
Ese posicionamiento refleja regularidad en resultados oficiales, rendimiento sostenido en torneos recientes y estabilidad competitiva, factores que históricamente correlacionan con buenas actuaciones en Mundiales.
Sin embargo, el propio organismo recuerda en sus informes técnicos que el ranking no es un predictor absoluto.
Las diferencias entre las selecciones punteras suelen ser mínimas y el contexto específico del torneo puede alterar jerarquías que parecían consolidadas meses antes del inicio.
Rendimiento reciente frente a peso histórico
El debate entre historia y presente sigue marcando la conversación previa a cada Mundial.
Selecciones con títulos recientes o finales acumuladas parten con una ventaja simbólica clara, pero los datos de rendimiento de los últimos ciclos muestran que la forma competitiva inmediata pesa cada vez más.
Informes técnicos de la FIFA y análisis del CIES Football Observatory coinciden en señalar que los equipos que mantienen estabilidad táctica y buenos resultados en los dos años previos al torneo tienen más opciones reales de avanzar rondas que aquellos que llegan apoyados solo en su palmarés.
El favoritismo, en ese sentido, ya no se hereda automáticamente.
Se construye partido a partido, ventana a ventana, y puede diluirse con rapidez si los resultados recientes no acompañan.
Datos, modelos y expectativas antes del balón inicial
La percepción de quién es favorito ya no se define solo en tertulias o columnas de opinión.
Aplicaciones de resultados, plataformas estadísticas y modelos predictivos asignan probabilidades basadas en métricas como goles esperados, presión defensiva, dificultad del grupo o experiencia en torneos internacionales.
Ese flujo constante de información moldea expectativas incluso antes de que empiece la competición.
Una selección bien posicionada en rankings, respaldada por datos avanzados y con una narrativa estable suele instalarse en el imaginario colectivo como candidata natural, aunque el torneo real aún esté lejos.
El riesgo aparece cuando esas probabilidades se leen como certezas. La historia del Mundial está llena de selecciones favoritas que no superaron la primera fase y de equipos que aprovecharon su momento competitivo para desafiar cualquier previsión.
Entender el favoritismo sin perder la perspectiva
La previa del Mundial se ha convertido en una carrera de análisis, informes y contenidos que intentan anticipar lo que ocurrirá dentro de dos años.
Para muchas personas, ese contexto enriquece la experiencia y permite seguir el torneo con más matices.
El equilibrio está en no confundir contexto con determinismo. Ningún modelo puede capturar del todo la presión emocional, la gestión de un vestuario o el impacto de un partido mal resuelto en un torneo tan corto.
El Mundial de 2026 ofrecerá más datos, más pantallas y más debates que nunca, pero seguirá decidiéndose en partidos concretos, con margen para que la realidad contradiga cualquier guion previo.
En ese espacio entre información y emoción, la etiqueta de favorita recupera su sentido original: una referencia útil para orientarse, pero nunca una verdad cerrada.


