Cultura

Andy Warhol: El arte como “cosa mentale”

Andy Warhol es considerado el fundador del Pop Art, porque logró confrontar y cuestionar al público con lo planteado por las vanguardias clásicas: qué es el arte.

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Buscó en todas sus expresiones artísticas regresar al arte “el valor de cosa mentale”, como lo definió Leonardo da Vinci en el Renacimiento. Empieza a presentar fotografías, cuadros, donde aparecen latas y refrescos que consumen ricos, pobres, en cualquier familia norteamericana y encumbrados en la política y las artes escénicas. En resumen: todo el mundo.

Warhol pregunta si es arte y quiénes pueden decir su valor artístico. Sus obras se concentran en el concepto de qué es la fama, el éxito. Se fija en el poder que tienen los medios, la prensa amarillista y los reality shows. Intuye que “en el futuro todo el mundo será famoso durante quince minutos”.

Ya reconocido como un artista del Pop Art, busca a gente famosa y rica para pintarlos, para conocerlos más íntimamente y demostrar que el arte y la vida es “cosa mentale”.

En busca de famosos se hace el hábito de acudir al centro nocturno Max´s Kansas City, en Nueva York. Allí Warhol, durante un fin de semana, donde convivía tranquilo y observador, rodeado de algunos actores que participarían en una de sus películas, conoce a la escritora feminista Valerie Solanas, cuando se acerca a su mesa para adularlo como pintor.

Él la invita a participar en la película Yo, un hombre. Se dice: “hará un excelente papel representando al personaje”. La amistad se mantiene durante dos años. En una de esas noches largas en el Max´s Kansas City iba a cambiar totalmente la vida de Andy Warhol.

La escritora feminista Solanas, entre cubas y anfetaminas, le dio una obra de teatro titulada Up Your ass, de su autoría, que cuenta la historia de una prostituta que odiaba a los hombres. Le pide que sea su productor. Warhol no sabía que, al aceptar, iba a correr peligro su vida.

Esa misma noche perdió el borrador en el centro nocturno. Algún tiempo después apareció Valiere Solanas en el Max´s Kansas en la mesa de Andy Warhol para saber si produciría la obra de teatro. Cuando Warhol le dijo que había perdido el manuscrito, ella se quedó parada frente a él, sin pronunciar una sola palabra. Se retiró.

Tres días después se presentó Solanas en el almacén (The factory) que utilizaba Warhol como taller-oficina –donde asilaba las veinticuatro horas a adictos a las anfetaminas, transexuales y reuniones de grupos de rock– para dispararle a quemarropa tres tiros con una pistola del veintidós. Dos disparos dejaron grave a Warhol junto al escritorio con el que trató de cubrirse. Ella se fue echando tiros a las personas que estaban en la oficina.

Por la noche se entregó la escritora, alegando que Warhol le había robado su obra teatral y que quería hacerla menos como creadora, que era un hombre que odiaba a las feministas.

El atentado apareció en los medios de comunicación, pero perdió notoriedad debido a que dos días después del 3 de junio 1968 asesinaron a Robert F. Kennedy. Y Warhol retiró los cargos alegando que Valerie pasaba por un momento de inestabilidad emocional.

Cuando Warhol se recuperó del atentado, dijo: “antes de que me hirieran, siempre pensé que estaba un poco más para allá que para acá. Siempre sospeché que estaba viendo la tele en vez de vivir la vida”.  Después de la experiencia del atentado brindaba siempre por la nada, por la ausencia del todo, por la fiesta de la muerte. En vida. Lo plasmó en su obra para demostrar que el arte es “cosa mentale”.

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