Cultura

Pintura colonial: qué es, características, técnicas e imágenes de pintura novohispana en Chile, México, Venezuela…

En el territorio que hoy ocupa México, hace más de quinientos años se estableció uno de los más poderosos virreinatos administrados por España en sus colonias americanas, el de Nueva España. Uno de los vestigios más claros de este período fue la pintura novohispana, que tuvo como objetivo inicial la adoctrinación, cambio identitario e ideológico de los pueblos originarios evangelizados por la Iglesia Católica. Esta finalidad de las pinturas novohispanas se aplicó en otros territorios como Chile, Perú y Venezuela, donde hoy es posible encontrar obras de arte que datan de los siglos XVI, XVII y XVIII, centurias en las que estuvo vigente la colonia. Descubre qué es la pintura colonial, sus rasgos y técnicas elementales para este arte en la Nueva España y demás localidades mencionadas.

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Conociendo la pintura colonial

Iniciamos con detallar todo lo que se debe saber sobre la pintura colonial a fin de comprender mejor de qué se trata esta corriente artística y qué influencias recibieron en su momento las diferentes escuelas surgidas durante el período colonial.

¿Qué es la pintura colonial?

Consiste en el arte pictórico que se extendió durante los siglos XVI, XVII y XVIII en plena época de la Colonia española y primeros años del proceso independentista que emergió en diversos territorios americanos.

Otras denominaciones que recibe esta arte

También es conocido como pintura novohispana o pintura virreinal, ya que su aplicación se dio inicialmente en el virreinato de Nueva España, área geográfica que en la actualidad conocemos como México.

Aunque fue principalmente reconocida dentro de la cultura en la Nueva España, otras colonias vivieron un proceso artístico similar al de territorio primigenio, como son los casos de Chile, Perú y Venezuela. Por tanto, para englobar y generalizar las artes visuales originadas en estas localidades, se usa la denominación pintura colonial.

Influencias que recibió la pintura novohispana

Las pinturas virreinales muestran lo mejor de las influencias recibidas en Europa, principalmente de las escuelas artísticas italianas, flamencas y españolas.

Como se sabe, las obras pictóricas eran realizadas en los primeros años por artistas extranjeros, como encargo para adornar templos, capillas públicas y privadas y las residencias de familias notables. Esta práctica vino dada por el vínculo de los reyes católicos, Carlos V e Isabel la Católica, que vieron en el arte la forma más efectiva de educar y convertir a los pobladores de los territorios conquistados.

En las primeras de cambio, se recurrió al manierismo, forma de arte de origen italiano caracterizada por la aplicación de técnicas de pintura con falta de naturalidad, pero que se adaptaba mejor a los estándares propios del Renacimiento, el arte gótico y el arte con temática religiosa.

Otra influencia que se percibe en las imágenes del arte en Nueva España es la flamenca, concretamente, en técnicas como la ilustración, el dibujo, el grabado y la estampa que, junto con la pintura, fueron las artes visuales más significativas de esta escuela, cuyo exponente principal fue Pablo Rubens, cuya técnica fue rápidamente asimilada en América. Solo basta con ver cómo pintaban los antiguos pintores del siglo XVI para notar el colorido y la composición de sus obras, inspiradas en el trabajo del artista flamenco.

Por su parte, la influencia española, en especial la escuela sevillana, fue acogida para la segunda mitad del siglo XVII para la creación de piezas llenas de realismo, colorido y carga religiosa, siendo su máximo representante el pintor Francisco de Zurbarán, cuyo trabajo gustó tanto en la Península que fue exportado a América.

Historia de la pintura novohispana

Una vez concretado el proceso de conquista en América, después de erigir los primeros templos y conventos surgió la necesidad de decorar su interior que, en su etapa primitiva, eran adornados con ornamentos temporales. A partir del siglo XVI emergieron los primeros pintores formados con técnicas europeas en conventos donde se instalaron escuelas artísticas, como en el caso de la Escuela de Artes y Oficios asentada en la capilla de San José de los Naturales, de donde se originaron las primeras pinturas de la Nueva España.

La idea era crear un entorno visual efectivo para la adoctrinación de los nuevos feligreses en estos recintos, por lo que en sus inicios se dio un proceso de importación de obras de arte creadas por pintores europeos para, con el tiempo, ir recibiendo a artistas que dejaron notables pinturas en varias colonias, como Simón Pereyns, Juan de Illescas y Andrés de la Concha.

Para el siglo siguiente, la pintura novohispana se inspiró sobre todo en la labor de pintores del Renacimiento tardío como Caravaggio y Rubens, cuyas copias de sus obras llegaron a adornar importantes iglesias para profundizar el tema barroco. Asimismo, en esa época destacaron los nombres de Luis Juárez, Juan Correa, Alonso López de Herrera y la escuela de los Echave, quienes crearon fascinantes piezas pictóricas llenas de realismo y emoción.

Ya con la llegada del siglo XVIII, la pintura colonial de tipo religioso entra en una fase de decadencia, sobre todo porque pasa ese período esta arte se orienta para la realización de retratos de personajes notables dentro de la sociedad criolla u obras creadas de forma anónima por miembros de las denominadas castas, dando así las primeras manifestaciones del mestizaje artístico. Es en este contexto en el que también resaltan los llamados retratos de monjas coronadas, género pictórico que representa las experiencias más representativas de la vida de las monjas.

Principales características del arte colonial vistas en su pintura

Entre los rasgos fundamentales que caracterizan a la pintura colonial en términos generales se encuentran:

Temática religiosa

Como se ha venido detallando, la pintura colonial tuvo como objetivo primordial en sus inicios el reforzamiento visual que se requería durante el proceso de evangelización y doctrina dado a los pueblos indígenas habitantes de las tierras conquistadas. Por lo que la imaginería y representaciones bíblicas se dieron en este contexto.

Adaptación de estilos

Con el transcurrir del período colonial, las pinturas de aspecto gótico y religioso influenciadas por corrientes europeas fueron tomando rasgos correspondientes del arte indígena, como resultado de la introducción de artistas aborígenes que dieron sus toques autóctonos para crear piezas únicas. Como ejemplo de ello se tienen las imágenes del arte de Nueva España y lo que hoy es Perú, Chile y Venezuela, las cuales entre los siglos XVI y XVII sufrieron importantes cambios que derivaron en el llamado barroco mestizo.

Variadas técnicas de pintura conforme avanzó la Colonia

Muchas imágenes de expresiones artísticas novohispanas y coloniales en general detallan los avances en materia de estilo y técnica. Durante sus primeros años, la pintura se orientó a realizar obras sobre tela y otros tipos de lienzo hechos con algodón, cáñamo y lana, sobre todo en los territorios andinos. Diversos materiales textiles se utilizaron, por ejemplo, como lienzos para pintar Chile, Lima y la hoy Bolivia.

Luego, la pintura al fresco fue utilizada principalmente en las capitales de los poderosos virreinatos de Nueva España y Perú avanzado el siglo XVII, con marcada temática cristiana e influencia prehispánica, fruto de la mano de obra indígena, y llena de una nutrida paleta de colores para pintar una iglesia por dentro, como el sepia, el ocre y el rojo y luego, otros colores más vivos.

Otra de las técnicas recurrentes fue la pintura mural, por ser más accesible y fácil de aplicar sobre los muros fue una de las más aplicadas durante prácticamente toda la Colonia. Para ello, se utilizaban los muros preparados varias capas de cal al que luego se le agregaban pigmentos mezclados con aglutinantes de origen animal.

Arte sin modelos ni estudios previos

A diferencia de Europa, donde la pintura está hecha después de estudiar a profundidad el cuerpo humano o bajo la observación de modelo, en América no hubo oportunidad de replicar esta práctica, por lo que se llevó a cabo las representaciones pictóricas tanto religiosas como mitológicas de manera estereotipada, reproduciendo una y otra vez diversos elementos y personajes. Por ejemplo, algunos dibujos del virreinato para colorear suelen ser ángeles y querubines, por ser estas figuras unas de las más pintadas en la época.

Destacadas pinturas coloniales en algunos países latinoamericanos

Ya que has aprendido sobre los aspectos esenciales para entender mejor la pintura colonial, llegó el momento de explicar este género artístico en algunos países que, tiempo atrás, fueron regidos por la Corona española y, por lo tanto, no quedaron exentos de la huella de la pintura virreinal.

La pintura colonial mexicana

Por ser el punto focal para la expansión de la evangelización en todo el continente americano, se consideran a las pinturas del virreinato en México como las precursoras de este período. De la mano de artistas europeos, locales e indígenas, la pintura novohispana manifiesta claramente el mestizaje y combinación de técnicas y estilos típicos de las escuelas extranjeras y del arte prehispánico, originando así una expresión artística autóctona que no solo revela el progreso del arte en esa época, sino la asimilación cultural en todos sus ámbitos. Entre las obras de arte de este contexto se encuentran:

La aparición de San Miguel

Esta obra, que data de los años 1686-1688, fue encargada al artista barroco novohispano Cristóbal de Villalpando, formado e inspirado por las escuelas europeas que se habían establecido en ese tiempo en el virreinato, para extender la enseñanza del arte pictórico. La obra, que muestra de forma majestuosa la aparición del arcángel San Miguel, hoy se encuentra adornando la sacristía de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México.

(Metropolitan Cathedral, Mexico city, Public Domain, vía Wikimedia Commons / Recorte, mejora de tono y resolución de la original).

Santa Cecilia

Pintada por el artista sevillano Andrés de la Concha, el cual llegó a América en 1568 como parte del progreso en materia artística en el virreinato de Nueva España, realizó esta obra prácticamente única en su estilo, por ser una figura religiosa poco representada en el siglo XVI. Actualmente, la pieza puede admirarse en el Museo Nacional de Arte.

(Museo Nacional de Arte, Public Domain, vía Wikimedia Commons / Recorte, mejora de tono y resolución de la original).

Pintura y arte colonial en Chile

La pintura colonial chilena, la cual fue introducida tardíamente en este territorio en el siglo XVII gracias a los jesuitas españoles que llegaron a estas latitudes para profundizar la evangelización indígena, estuvo llena de piezas de imaginería que adornaron conventos y monasterios donde la Compañía de Jesús se asentaba. Más adelante, intentó replicarse obras propias de la escuela quiteña, sobre todo en casos muy puntuales, debido a la continua confrontación entre españoles e indígenas que impedían la conquista total.

Virgen Dolorosa

Se trata de una de las imágenes del periodo colonial en Chile más icónicas, ya que se dice que fue llevada esa tierra por el mismísimo conquistador Pedro de Valdivia para ofrendarla a la ermita de Nuestra Señora del Socorro. Data de 1576, es decir, de los años iniciales de la pintura colonial en este territorio, y hoy se conserva en el altar mayor de la capilla de San Francisco de Asís.

(Sildante, Public Domain, vía Wikimedia Commons / Recorte, mejora de tono y resolución de la original).

Patrocinio de San José

Pieza creada por Gaspar Miguel de Berrío en 1744 para la colección artística de la Compañía de Jesús, es una obra cargada de numerosas figuras religiosas y simbólicas dentro del cristianismo. En la actualidad, es una de las representaciones más aclamadas dentro del período colonial, sobre todo por ser ejemplo del paso de los jesuitas por la hoy Chile, como congregación que se dedicó a promover las artes en América.

(Museo Nacional de Bellas Artes, Public Domain, vía Wikimedia Commons / Recorte, mejora de tono y resolución de la original).

La pintura colonial andina y sus obras emblemáticas

El territorio que una vez ocupó el poderoso virreinato del Perú fue otro de los escenarios donde el arte colonial se expandió notoriamente, más con la llegada de pintores europeos que fundaron sus propios talleres para enseñar lo mejor del arte del viejo continente. Tal fue su impacto que de este virreinato nacieron escuelas artísticas características de la pintura colonial peruana, como la escuela quiteña, la del Cuzco, Potosí y el Alto Perú (hoy Bolivia), las cuales combinaban elementos del arte europeo con los de la cultura incaica. Es por ello que se pueden ver obras con destellos dorados y plateados.

Primero orientada al ámbito religioso, para luego ser adoptada como elemento de lujo de la alta sociedad, de la pintura colonial peruana mostramos estos ejemplos:

Arcángel Eliel con arcabuz

Es una pintura anónima característica de la escuela cuzqueña, de donde se crearon innumerables obras que representaban a ángeles y arcángeles, como ésta, que data del siglo XVII y que muestra a un ángel ataviado con vestimenta de los soldados de la época, armado con un arcabuz, en lugar de la espada.

(Lima Art Museum, Public Domain, vía Wikimedia Commons / Recorte, mejora de tono y resolución de la original).

La Virgen de los Reyes en su altar de la catedral de Sevilla

Concebida en 1662 por Bernabé de Ayala, pintor español discípulo de Francisco de Zurbarán, cuya escuela fue una de las más destacadas en todas las colonias españolas en América. Es una obra creada producto de la exportación de piezas pictóricas desde España hasta suelo americano para adornar los templos y recintos administrativos coloniales. Hoy se encuentra en el Tribunal Constitucional de Lima.

(Tribunal Constitucional de Lima, Public Domain, vía Wikimedia Commons / Recorte, mejora de tono y resolución de la original).

La pintura colonial en Venezuela: algunos ejemplos

Otro de los referentes del período de la Colonia en materia artística es la pintura colonial venezolana, extendida en el entonces territorio de la Capitanía General de Venezuela a partir del siglo XVI, primero para la reconstrucción de templos producto de los frecuentes sismos que azotaban a estas tierras y luego para representar pictóricamente a los personajes más poderosos de las provincias venezolanas.

Dentro de la pintura colonial venezolana, resaltan las siguientes obras:

Nuestra Señora de la Merced

Cuadro pintado por el multifacético artista Juan Pedro López, uno de los principales referentes del arte colonial en Venezuela. Data de 1767, y es una pintura sobre tela con notoria influencia de la pintura novohispana, la cual representa a la advocación mariana que, en la Colonia venezolana, era la abogada de los terremotos y protectora de las siembras de cacao. Hoy se conserva en la Galería de Arte Nacional.

(National Art Gallery, Public Domain, vía Wikimedia Commons / Recorte, mejora de tono y resolución de la original).

Nuestra Señora del Carmen

Creada a principios del siglo XIX, pocos años antes de la revolución independentista, esta obra de Juan José Landaeta, pintor de origen pardo, es otra de las obras representativas de la pintura colonial venezolana con influjo de la virreinal peruana, como se puede ver en los ornamentos dorados tanto de la virgen como del niño Dios.

(Colección Patricia Phelps de Cisneros, Public Domain, vía Wikimedia Commons / Recorte, mejora de tono y resolución de la original).

La pintura colonial es una notoria manifestación de todo lo que representan las artes traídas por los españoles a Nueva España y otros territorios administrados por la Corona, que fueron promovidas a fin de asentar la cultura europea en las colonias establecidas en América y sus habitantes. Así que, no era de extrañar que la sociedad novohispana estuviera tan apegada al dogma católico, ya que el arte de este período creó obras que, en su mayoría, representaban pasajes bíblicos y religiosos obedeciendo al proceso de conversión al cristianismo que se venía impulsando dentro de los pueblos indígenas. Hoy, la pintura novohispana y de otros países que durante trescientos años eran colonias españolas, son fuertemente apreciadas por ser expresión de lo que fue la adaptación cultural de ese entonces, trayendo consigo importantes obras autóctonas y únicas en su estilo.

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