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Fobias raras: los 60 temores más extraños catalogados por la ciencia

Los expertos aseguran que es natural sentir aversión ante una situación extraña o de riesgo (ya sea real o imaginaria). Esa emoción la conocemos como miedo y, de hecho, tiene un objetivo primordial: la supervivencia. ¿Pero qué pasa cuando el temor es desproporcionado? En ese caso hablamos de un trastorno psicológico llamado fobia.

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¿Qué es fobia? Según la Real Academia Española, se define como:

«Temor angustioso e incontrolable ante ciertos actos, ideas, objetos o situaciones, que se sabe absurdo y se aproxima a la obsesión».

Este término deriva de la palabra griega fobos o phobos, que se traduce como miedo. Tal y como cuenta el escritor español Luis Celaá Morales, en su obra titulada Phobos, en la mitología griega este dios (hijo de Ares y de Afrodita) representaba el temor de los soldados antes de emprender la lucha.      

Más allá de las ficticias implicaciones mitológicas, los expertos todavía no han podido identificar todas las causas posibles de las numerosas fobias que existen (más de 500). No obstante, se pueden mencionar algunos detonantes:

  • Las experiencias negativas.
  • La genética y medio ambiente.
  • Los cambios en la actividad cerebral.

Es importante no confundir los miedos y fobias. El miedo es una emoción intrínseca del ser humano, mientras que una fobia es un trastorno psicológico que requiere atención médica para que la persona tenga mejor calidad de vida.

Niña atemorizada (Pixabay)

La Sociedad Española de Psiquiatría destaca que al menos 6% de la población sufrirá una fobia a lo largo de su vida. Normalmente aparecen en edades tempranas o en la adolescencia, aunque, de acuerdo a una investigación de la Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca (Colombia), algunos trastornos tienen una edad media de manifestación y atienden a otros factores como el género y la región.

Pero cada cabeza es un mundo, y las cosas que le horrorizan también. La variabilidad complica la tarea de trazar una clasificación exacta de los tipos de fobias que se conocen; sin embargo, es posible catalogarlas de la siguiente manera:

  • Fobias simples o específicas.
  • Fobias complejas.
  • Fobias sociales.

La Clínica Mayo señala que, sin importar qué clase de fobia padezca un individuo, generalmente se experimentan determinadas reacciones físicas y psicológicas ante el temor intenso:

  • Ansiedad o pánico excesivo cuando se está expuesto o simplemente se piensa en el motivo de ese miedo irracional.
  • Sensación de impotencia.
  • Desrealización (sensación de irrealidad).
  • Sudoración.
  • Náuseas.
  • Mareos.
  • Dolor de cabeza.
  • Ritmo cardiaco acelerado.
  • Temblores
  • Tartamudeo
  • Escalofríos.
  • Opresión o dolor en el pecho.
  • Dificultad para respirar.
  • Sequedad de boca.
  • Llanto incontrolable.
  • Desmayos.

Además, tienen consecuencias negativas, que van desde la baja autoestima hasta la afectación de las relaciones sociales e incluso el aislamiento. En casos más severos, una fobia no tratada podría llevar a una persona a abusar de las drogas o el alcohol.

Mujer solitaria caminando por una carretera (Pixabay)

La atención médica es fundamental. Hay diferentes tratamientos, como la terapia de exposición (que consiste en acercar poco a poco a la persona a lo que provoca su miedo), terapia del comportamiento cognoscitiva (CBT), desensibilización, psicoterapia, medicación, entre otros. El proceso depende en gran medida del paciente y el tipo de fobia.

En internet podemos encontrar cualquier listado de fobias comunes, pero hay muchas fobias raras que escapan de toda lógica y raciocinio. A continuación, te contamos cuáles son las fobias más raras y graciosas que probablemente ni siquiera te imaginabas que existían, qué las causa, cuáles son sus síntomas, cómo enfrentarlas y más datos curiosos.

Las fobias más raras del mundo

Las personas suelen están familiarizadas con algunas fobias, como la claustrofobia (que afecta a más de 300 millones de individuos en todo el mundo) o aracnofobia, porque son relativamente frecuentes. Pero, entre gustos y colores, hay temores que definitivamente resaltan más que otros y que, sin lugar a dudas, ocupan un puesto entre las fobias más raras del mundo.

1. Xantofobia: miedo al amarillo

La xantofobia es uno de los tipos de cromofobia (miedo a los colores). Se trata específicamente del temor al color amarillo, y está incluida en la lista de fobias más peculiares.

Mujer caminando delante de pared amarilla (Pixabay)

Proviene de la palabra griega xanthous, que significa amarillo, y de phobos, que se traduce como miedo. Las personas que manifiestan fobia al color amarillo llegan a experimentar verdaderos cuadros de ansiedad al mirar ropa, objetos o animales de ese tono. En circunstancias más severas, incluso se inquietan con tan solo oír la palabra.

Como ocurre con otras fobias, quienes la sufren sienten náuseas, ritmo cardiaco acelerado, respiración anormal, boca seca, mareos y escalofríos ante la exposición. Entre las particularidades de los pacientes con xantofobia predominan:

  • No ingieren ningún alimento amarillo (yemas de huevo, mostaza, queso amarillo…).
  • Cierran los ojos y aguantan la respiración al orinar.
  • Sienten repulsión ante los taxis y buses escolares.
  • Pueden desarrollar sinofobia (repulsión a los chinos) ya que estos se consideran como la «raza amarilla».
  • Repelen las guías telefónicas.
  • No usan prendas de oro.

Las causas de este trastorno suelen estar asociadas a posibles experiencias traumáticas del pasado. Pero también es probable, aunque en menor medida, que esté estrechamente ligado a motivos culturales, pues se cree que el color amarillo trae enfermedades, mala suerte y la muerte.

Esa superstición se remonta al siglo XVII, cuando el dramaturgo y actor francés Jean-Baptiste Poquelin, más conocido como Molière, protagonizó en 1673 el ballet-comedia El enfermo imaginario. El pobre hombre murió a los pocos días del estreno, y durante la representación llevaba un vestuario amarillo.

Existen varios métodos para ayudar a un paciente a sobrellevar la xantofobia, como la terapia de exposición o desensibilización sistemática, así como técnicas de distracción, descatastrofización y hasta hipnoterapia. En caso de que el desorden llegue a niveles muy serios, se recetarán algunos fármacos.

2. Turofobia: miedo al queso

La turofobia probablemente es de las fobias más raras vinculadas a los alimentos. Básicamente el individuo experimenta un malestar intenso al estar cerca de cualquier clase de queso y hasta se incomoda si mencionan la palabra.

Varios tipos de queso expuestos sobre una mesa (Pixabay)

Como la mayoría de los miedos irracionales, la fobia al queso tiene dos causas frecuentes: el condicionamiento (una experiencia traumática que convierte un objeto, olor o situación en un estímulo condicionado que produce angustia) o el trastorno de ansiedad.

Generalmente es sencillo evitar el detonante de esta fobia en casa, pero se complica en reuniones y ciertos lugares. Puede afectar las relaciones sociales, porque hasta el olor a queso es capaz de desatar una crisis en quien la sufre.

Los síntomas varían de acuerdo a cada paciente. Los más comunes son náuseas, mareos, palpitaciones, realidad distorsionada y ataque de pánico.

En estos casos lo más recomendable es acudir a un psicólogo para iniciar una terapia cognitivo conductual, para modificar el comportamiento y pensamientos negativos.

3. Tanofobia: miedo al sol

Se define en pocas palabras como la fobia al sol, más específicamente a los efectos negativos que puede tener sobre la salud. Las personas con tanofobia o heliofobia tienen un miedo irracional de exponerse a los rayos UV.

Niña mirando de frente al sol (Pixabay)

Por lo tanto, los días soleados son una pesadilla para los tanofóbicos, que sienten los clásicos síntomas de ansiedad (sudoración, sequedad de boca, mareos, dolor de cabeza…) si su piel entra en contacto directo con cualquier dejo de luz solar.

Usan medidas de precaución extremas cuando se ven obligados a salir a la calle durante el día: chaquetas, guantes, gorros, gafas de sol, protector solar y paraguas. Es lo opuesto a la tanorexia, que es la obsesión desmedida por el bronceado.

El temor a sufrir un cáncer de piel, melanoma o quemaduras son las causantes de esta fobia. No obstante, alejar el cuerpo completamente de los rayos del sol lo priva de la vitamina D, necesaria para mantener los huesos fuertes.

Cuando el sol se convierte en una importante influencia negativa y de aislamiento, es necesario acudir a un especialista. Esta fobia se trata por medio de psicoterapias específicas, para disminuir la ansiedad del paciente a ser quemado por los rayos ultravioletas. La idea es ir exponiéndolo poco a poco a tomar unos minutos de sol al día.

4. Aliumfobia: miedo al ajo

Las leyendas atribuyen el miedo al ajo a criaturas míticas como los vampiros, pero es una fobia muy real que hace que las personas no toleren comer, oler ni mirar el ajo. Es otra de las fobias alimenticias más excéntricas que existen.

Cabezas de ajos adornadas con granos de pimienta (Pixabay)

El nombre de esta fobia proviene de una adaptación al español del neologismo inglés alliumphobia, que a su vez se origina del latín allium, que significa ajo.

Este miedo injustificado puede extenderse a otras plantas como las cebollas, cebolletas, chalotes y puerros.

Las causas, como pasa con todas las fobias específicas, varían de acuerdo al paciente. Pero es común que la raíz se encuentre en el pasado de la persona, en algún trauma emocional en el que los ajos estuvieron relacionados de cierta forma (directa o indirectamente).

Los síntomas son exactamente los mismos que padece cualquiera que esté expuesto a un profundo miedo, que van desde sudoración, dificultad para respirar, mareos, náuseas, hasta pérdida de control.

Hablar abiertamente sobre el problema y una terapia de desensibilización (aproximación progresiva al motivo del miedo) es el tratamiento a seguir.

5. Hipopotomonstrosesquipedaliofobia: miedo a las palabras largas

Irónicamente la hipopotomonstrosesquipedaliofobia es el miedo a las palabras largas, en concreto a tener que pronunciarlas durante un discurso o conversación.

Mujer asustada leyendo un libro (Shutterstock)

Proviene de la unión de varias palabras griegas: hipopoto (grande), monstro (monstruoso) sesquipedali (palabra grande) y phobos (miedo). Esta fobia a palabras largas es muy extraña y poco frecuente.

Una persona con sesquipedaliofobia (nombre abreviado) evitará una conversación en la que tenga que decir cualquier palabra grande y en algunos casos entran en un estado real de pánico con tan solo imaginarse en una situación parecida.

La razón de esta fobia a las palabras largas es por el miedo a trabarse o no saber pronunciarlas correctamente y quedar en ridículo o no parecer lo suficientemente inteligente.

No existe una causa específica para la sesquipedaliofobia, pero tiende a originarse por experiencias desagradables, que nos hacen asociar un estímulo a una emoción negativa (en este caso a articular palabras largas).

Al verse envuelto en un escenario en el que tenga que decir una palabra larga o con tan solo pensarlo, el individuo puede experimentar determinados síntomas físicos como palpitaciones, dolor en el pecho, sudoración, hiperventilación, temblores, náuseas… A nivel emocional siente pérdida de control y desrealizacion.

Las relaciones sociales y la autoestima suelen verse afectadas por la sesquipedaliofobia, y generalmente viene acompañada de la fobia social o timidez extrema.

Entre los posibles tratamientos destacan la hipnosis, el mindfulness (conciencia plena), técnicas de relajación y expositivas como la desensibilización sistemática.

6. Crometofobia: miedo al dinero

Normalmente las personas se desviven por tener más dinero. Pero eso es sencillamente impensable para los que padecen de crometofobia, pues lo asocian con angustia o peligro.

Billetes de diferente valor amontonados unos encima de otros (Pixabay)

Una mala experiencia frente al dinero puede desatar este miedo irracional. Un individuo que creció en un ambiente donde sus padres se peleaban por este recurso o si, por el contrario, la abundancia lo hizo víctima -o alguien cercano- de un secuestro, odiará el dinero de forma inconsciente, por considerarlo el responsable de muchos problemas.

Los signos de la crometofobia son:

  • Ansiedad generalizada cuando llegan los estados de cuenta de las tarjetas de crédito.
  • Desconocer la realidad financiera o cuánto dinero se requiere para sobrevivir o con lo que se cuenta al mes.
  • Desviar o evitar conversaciones acerca de dinero.
  • Delegar a una pareja o familiar para que se encargue del aspecto financiero.

La terapia psicológica es necesaria para que el paciente reconozca la fobia y pueda relacionarse con el dinero y tener la libertad de tenerlo y gastarlo tranquilamente.

7. Antropofobia: miedo a las personas

En un mundo con 7,53 miles de millones de habitantes, parece ilógico tenerle miedo a la gente. Sin embargo, el significado de antropofobia es precisamente el temor injustificado a las personas, especialmente a las desconocidas.

Estudiantes charlando en la universidad (iStockphoto)

El individuo siente pánico ante el contacto con otras personas y su compañía (no debe confundirse con la fobia social). En algunos casos se suma el miedo patológico a ser juzgado. Y no se manifiesta solo con desconocidos, sino también con familiares y amigos.

Al verse envuelto en situaciones en las que debe socializar, el sujeto comenzará a sentir los signos típicos de un ataque de pánico y dificultad para concentrarse y hablar de forma coherente y coordinada. Tiende, además, a ruborizarse y evitar el contacto visual.

Hay diferentes grados de esta fobia. En niveles mínimos puede pasar desapercibida, pero en mayores proporciones afecta seriamente la calidad de vida, ya que interfiere con actividades cotidianas básicas como ir a la universidad o al trabajo, hacer las compras, ir al banco, pasear al perro…

Son muy sensibles a las críticas y opiniones ajenas, tanto que en algunas ocasiones caen en el victimismo. Su hipersensibilidad hace que se aíslen.

La antropofobia es tratable a través de la psicoterapia, con la técnica de exposición progresiva. El objetivo es evitar el aislamiento que normalmente elige el paciente, no porque no le guste la compañía, sino por la ansiedad que le genera. Si es un caso muy severo, el profesional recetará tranquilizantes como las benzodiacepina o antidepresivos.

8. Somnifobia: miedo a dormir

La somnifobia o hipnofobia es el miedo absurdo a quedarse dormido. Tiene su origen en el insomnio (imposibilidad de dormir) y también en experiencias negativas relacionadas al sueño. El individuo cree que, si se duerme, no podrá despertar nuevamente.

Mujer durmiendo sobre una cama

Francisco Segarra, de la Sociedad Española del Sueño (SES), detalla que esta fobia generalmente la sufren las personas insomnes que desarrollan una especie de ansiedad anticipatoria. Es decir, les angustia tanto no poder dormir que terminan generando una fobia a la acción como tal.

En su opinión:

«El desencadenante es el insomnio, derivado del estrés o de otro problema adaptativo, y el insomnio se refuerza a sí mismo dando lugar a un círculo vicioso».

45% de la población mundial tiene algún trastorno del sueño, siendo el más común el insomnio. Pero hay alteraciones psicológicas como la somnifobia que causan una situación de estrés permanente.

Los síntomas son muy concretos, y van desde falta de aire, respiración entrecortada, sensación de pánico, temblores, ritmo cardiaco acelerado, náuseas, hasta sudoración y somnolencia. Puede afectar a personas de cualquier edad.

Quienes padecen de apnea, parálisis del suelo o trastornos similares, son más propensas a desarrollar somnifobia.

Es imperativo tratar la somnifobia, para evitar afectaciones graves a la salud debido a la falta de sueño. Regularmente se aplican técnicas de Programación Neurolingüística (PNL) y el coaching ontológico, acompañado en determinados casos con tratamiento farmacológico.

9. Eisoptrofobia: miedo a los espejos

La eisoptrofobia, también llamada catoptrofobia, es el miedo inexplicable a mirarse en el espejo o estar cerca de uno.

Mujer mirándose en un espejo (123RF)

Los expertos suelen diferenciar ambos conceptos. La eisoptrofobia se especifica como el miedo a la imagen reflejada en los espejos, mientras que la catoptrofobia es el miedo a los espejos como objetos.

Se trata de una fobia específica o miedo aprendido que no afecta de forma muy negativa la calidad de vida de un individuo, pero puede empujarlo a evitar reuniones sociales o visitar ciertos lugares, teniendo en cuenta que los espejos son objetos muy comunes.

Básicamente la persona manifiesta síntomas de ansiedad generalizada si está cerca de un espejo, tales como: respiración agitada, ritmo cardiaco acelerado, sudoración, ganas de gritar o llorar, conducta de huida, parálisis momentánea, mareos, náuseas, vómitos, malestar estomacal, dolor de cabeza y hasta desmayos.

Entre las causas de esta fobia está la baja autoestima, pero más que todo está ligada a creencias y supersticiones. En algunas culturas se piensa que los espejos son portales a lo sobrenatural y que permiten la entrada de espíritus y entes maliciosos. También hay quienes afirman que son observados a través de ellos.

Con terapia es posible curarla completamente. La exposición o desensibilización pueden hacer que el individuo mantenga un estado de calma al estar en contacto con el objeto.

10. Demofobia: miedo a la multitud

El miedo persistente e injustificado a la multitud se conoce como demofobia. Este trastorno puede estar asociado a la claustrofobia (miedo a estar encerrado) y se presenta como un temor descabellado a los lugares donde hay mucha gente, tales como: el cine, teatro, conciertos, centros comerciales e incluso reuniones sociales.

Multitud de personas en el festival de música Tomorrowland (TomorrowWorld)

El que padece esta condición tiene pensamientos frecuentes de que queda atrapado en una multitud hasta la muerte, que se pierde o contrae un virus mortal.

Se piensa que la demofobia es un miedo genético, que afecta con más frecuencia a mujeres que hombres.

Los síntomas de este trastorno son: ritmo cardiaco acelerado, sudoración excesiva, temblor, hiperventilación, sensación de atragantamiento, malestar estomacal, escalofrío, calor desmedido, mareo, desmayo, temor a perder el control o morir. En ocasiones el miedo es tan intenso que la persona llega a sentir un fuerte dolor de pecho.

Hay varias técnicas para que un paciente supere la fobia a la multitud, que puede llevar al aislamiento si no se resuelve:

  • Asistir a eventos grupales pequeños e ir aumentando el tamaño del grupo a medida que se vaya sintiendo cómodo.
  • Decir en voz alta afirmaciones como «estoy seguro entre la muchedumbre» o «yo puedo con esto».
  • Visitar un barrio o lugares céntricos.
  • Aplicar la respiración consciente para facilitar la relajación.
  • Escuchar música suave en lugares donde haya mucha gente para evitar que se desencadene un ataque de pánico.
  • Hablar más seguido con familiares, vecinos o amigos.

11. Ombrofobia: miedo a la lluvia

Algunas fobias raras pasan inadvertidas porque no complican mucho la vida de quien las sufre, pero hay otras que deben ser tratadas cuanto antes. Tal es el caso de la ombrofobia o pluviofobia (del griego ombros, que significa lluvia), que se define como el temor enfermizo a mojarse con la lluvia.

Hombre contemplando la lluvia (Pixabay)

Un cielo nublado, truenos o relámpagos pueden evocar una profunda sensación de pánico y desatar una crisis en quienes la padecen. Incluso el olor a lluvia, que para muchos es maravilloso, es capaz de alarmar a los individuos con este trastorno.

A la persona con ombrofobia no solo le disgusta la lluvia, sino que sentirla o tan solo pensar en ella puede provocar un miedo desmedido y una serie de síntomas físicos como aumento del ritmo cardiaco, temblores, mareos, náuseas, sensación de irrealidad y desmayos.

Además, se obsesionan con los objetos que protegen contra la lluvia (paraguas e impermeables), y los llevan a todos lados para sentirse seguros. También manifiestan una necesidad constante de resguardo; es decir, buscan lugares cerrados y altos donde estén a salvo de posibles inundaciones.

Esta fobia tiene su raíz en experiencias traumáticas, como haber presenciado un desastre natural. Incluso puede desarrollarse por un Trastorno Afectivo Estacional (depresión relacionada con los cambios estacionales), que genera una respuesta sintomática negativa ante la lluvia.

En ciertos casos tiene que ver con la herencia genética o el miedo irracional a contraer enfermedades provocadas por las lluvias (gripe, diarrea, dengue, paludismo, chikungunya, leptospirosis).

La Técnica de Programación Neurolingüística, terapia cognitivo conductual y de exposición son la más efectivas para este tipo de fobia.

12. Hexakosioihexekontahexafobia: miedo al número 666

La hexakosioihexekontahexafobia (abreviado trihexafobia) es el miedo irracional al número 666. Es muy parecida a la tetrafobia (aversión al número 4) y octofobia (miedo al número 8) y otros casos específicos de numerofobia.

Display LED mostrando el número 666 (Picgrace)

La trihexafobia tiene su origen en creencias religiosas y supersticiones. En el verso bíblico Apocalipsis 13:18 destaca que el 666 es «el número de la bestia» o satanás. Varias películas de horror y novelas han magnificado ese miedo en no creyentes.

El hexakosioihexekontahexafóbico tiende a evitar todo lo relacionado con este número, como matrículas de vehículos, transportes públicos con esa numeración o cualquier cosa que lleve un 666 escrito. Los síntomas son los clásicos de un ataque de pánico.

Hay varios hechos curiosos acerca de la trihexafobia, que recoge Alfred López en un artículo:

  • La autopista 666 de Estados Unidos fue rebautizada en 2003 como autopista 491.
  • En el parlamento europeo dejan vacío el asiento 666.
  • El expresidente estadounidense Ronald Reagan y su esposa Nancy Reagan cambiaron su dirección en los Ángeles del 66 al 668.
  • En 1999 Moscú cambió la línea de autobús 666 a 616. Aunque un estudio de la Universidad de Birmingham revela que el verdadero número de la bestia no es 666, sino 616.

13. Triscaidecafobia: miedo al número 13

La triscaidecafobia (del griego treiskaideka, que significatrece) es el terror desmedido e incontrolable hacia el número 13. Es una variación muy específica de la numerofobia (como la hexakosioihexekontahexafobia).

Número 13 sobre fondo amarillo (Pantonarium)

Esta aversión se exterioriza con todo lo relacionado a este número: el día, el número de un local, el piso de un edificio, la suma de una cuenta, el número de placa de un auto o cualquier cosa que lo lleve escrito o implícito.

Para algunos expertos no se trata de un trastorno, sino de una superstición. A pesar de ello, hay personas que sienten una fuerte ansiedad, pensamientos irracionales, ganas de huir y síntomas físicos ante el número 13.

El origen de esta fobia proviene de la creencia de que el número 13 representa calamidad y mala suerte. De hecho, hay refranes populares que lo afirman: «martes 13 ni te cases, ni te embarques». Y pasa de la superstición al trastorno por algún evento traumático ocurrido ese día.

Un paciente con triscaidecafobia elige aislarse ese día y evita todo contacto con el número 13. Hay varias terapias que pueden ayudar a superar esta fobia: relajación, aproximación sucesiva, respiración consciente y desensibilización sistemática.

14. Hilofobia: miedo a los bosques

Entre los miedos raros definitivamente destaca la hilofobia, que es la aversión hacia los bosques. Puede llegar acompañada de dendrofobia (miedo a los árboles) o xilofobia (miedo a la madera), pero son términos completamente diferentes.

Árboles cubriendo el cielo del bosque (Pixabay)

Normalmente nuestro subconsciente percibe los bosques como lugares aterradores y llenos de peligro. En parte porque las películas y novelas los toman como los perfectos escenarios de terror, ayudando a maximizar ese miedo natural a los lugares desconocidos.

Pero los xilofóbicos llevan ese temor más allá. Estar en un bosque puede sentirse como una experiencia cercana a la muerte y llegan a experimentar síntomas físicos y psicológicos con tan solo pensar u oír hablar de ellos (palpitaciones, sensación de irrealidad, náuseas, mareos, desmayos…).

Las causas más frecuentes están ligadas factores culturales o de sugestión, aunque por si solos no bastan para crear una fobia. Generalmente quienes la desarrollan padece de trastornos de ansiedad previos.

Por otro lado, un episodio traumático habitualmente es el detonante para este tipo de fobias específicas: perderse de pequeño en un bosque o cualquier momento desagradable en este lugar.

Es fácil evitar el estímulo que ocasiona la hilofobia, pero lo más recomendable es buscar ayuda psicológica para evitar la aparición de nuevas fobias. La terapia cognitivo conductual y de relajación son el tratamiento sugerido.

15. Tripofobia: miedo a los agujeros

Es un trastorno que se caracteriza por el miedo irracional y repulsión por los conjuntos de agujeros. Según la web Tripofobia.org, al menos 25% de los seres humanos la padecen, pero el Manual Estadístico y Diagnóstico de Desórdenes Mentales no la contempla aún como una fobia oficial.

Orificios de un panal de abejas (Pixabay)

Existen dos tipos de Tripofobia:

  • Tripofobia en la piel: Muy parecido a la dermatopatofobia (miedo a enfermedades de la piel), con especial pánico ante afecciones de la piel con patrones secuenciales y repetitivos.
  • Tripofobia extrema: Aquella en la que la tolerancia al estímulo es mínima. La persona se siente mal con ver o imaginar un panal de abejas, gusanera, el centro de una flor de loto…

Al estar expuesto a una imagen u objeto con estos tipos de patrones describen reacciones físicas y psicológicas propias de una crisis de nervios: náuseas, ritmo cardiaco acelerado, temblores, dificultad para respirar.

Los tratamientos convencionales implican terapia de exposición, terapia cognitivo conductual y, solo si lo amerita, la medicación.

16. Oenofobia: miedo al vino

El vino es la tercera bebida alcohólica más consumida en el mundo, y Europa es precisamente el primero en ese ranking. Con tanta incidencia mundial, es extraño que alguien desarrolle oenofobia, que es el miedo enfermizo al vino.

Reproducción digital de una copa de vino derramándose (Pixabay)

Es una de las fobias más raras y hay poca información al respecto, pero no deja de ser real. Puede estar vinculada a la metifobia (miedo a las bebidas alcohólicas) y dipsofobia (miedo a beber).

Las causas no están muy claras. Probablemente estén arraigadas a experiencias traumáticas en las que el vino haya sido protagonista.

Como en la mayoría de las fobias, al estar expuesto al estímulo que provoca el miedo se experimenta sudoración excesiva, mareos, náuseas, respiración anormal, taquicardia, temblores, etc. No obstante, la psicoterapia puede curar esta fobia por completo.

17. Efebifobia: miedo a los adolescentes

Si bien es cierto que los adolescentes tienden a ser problemáticos, no hay razón para temerles. Pero no todos concuerdan con esa afirmación, teniendo en cuenta que existe una fobia llamada efebifobia (del griego ephebo, que significa adolescente), que extrañamente es el miedo irracional hacia los jóvenes.

Grupo de adolescentes mirando una laptop (Pexels)

Kirk A. Astroth, investigador de la Universidad de Arizona, fue el primero en utilizar el término en 1994. Esta fobia afecta más que todo a individuos con edades comprendidas entre 25 y 34 años.

Los estereotipos negativos de adolescentes irrespetuosos con sus padres, vándalos o que consumen drogas, junto con algún trauma o estímulo en los que haya participado un joven, pueden desencadenar la efebifobia.

Este terror psicológico hacia las personas jóvenes es peligroso, porque puede conllevar al edaísmo: discriminación por edad.

18. Pteronofobia: miedo a recibir cosquillas con plumas

No hay nada más inofensivo que las cosquillas o las plumas, pero para algunos ambas son motivo de un terror desmedido.

Mujer a la que le hacen cosquillas con un plumero (Pexels)

La pteronofobia es una fobia muy específica que se presenta como un miedo desproporcionado a recibir cosquillas con plumas. Es lo contrario a la acarofilia, el placer de recibir cosquillas.

Evidentemente quienes las sufren no pueden mirar, tocar ni estar cerca de una pluma. El principio de esta fobia se asocia a episodios o malas experiencias de la niñez.

Es limitada la información sobre esta fobia, porque afecta a muy pocas personas, pero puede estar acompañada de ornitofobia (terror a las aves). Los síntomas varían de acuerdo al paciente, los más comunes son una conducta de huida, llanto, gritos, ritmo cardiaco acelerado y mareo.

19. Agirofobia: miedo a cruzar la calle

Las estadísticas de atropellamientos y accidentes vehiculares en el mundo son espeluznantes, y más o menos a eso le temen los que sufren de agirofobia. En concreto, es el miedo excesivo e irracional de cruzar la calle o cualquier arteria vial por la que transiten vehículos por temor a ser atropellado.

Mujer preparándose para cruzar la calle (Pixabay)

La conducta fóbica se presenta no por la acción de cruzar como tal, sino a la posibilidad de exponerse a lo que considera un peligro y salir lesionado. Quienes tienen agirofobia se niegan a cruzar incluso en los puntos designados o en una calle completamente vacía.

Normalmente experimentan pánico desmedido, miedo, dificultad para respirar, escalofríos y ritmo cardiaco elevado si son expuestos a ese escenario. Si se obliga al sujeto a cruzar una calle, puede vomitar y hasta desmayarse.

Afecta en gran medida a los viven en regiones urbanas y se convierte en un limitante al momento de salir a la calle o visitar lugares nuevos.

Es aconsejable asistir a terapia. El objetivo será hacerle entender al paciente que cruzar la calle no significa un atropellamiento automático, mediante técnicas de PNL y de coaching ontológico.

20. Sofofobia: miedo al conocimiento

La frase «todos los días se aprende algo nuevo» es una verdadera pesadilla para aquellos con sofofobia. Se trata del miedo patológico a aprender cosas nuevas, aunque no siempre es generalizado (se puede temer a aprender algo en particular como música o matemáticas).

Mujer leyendo en una biblioteca (Pixabay)

No existe una causa típica, pero como se trata de una fobia específica es probable que se desencadene por experiencias traumáticas directas.

Pudiera pensarse que no afecta mucho la calidad de vida, pero la sofofobia es capaz de impedir labores cotidianas (que impliquen el estímulo que desencadena el miedo) o cumplir objetivos personales.

Falta de aliento, aumentos en la frecuencia cardíaca, ataques de ansiedad extrema, sequedad en la boca, sudoración excesiva y náuseas son algunos de los síntomas. El tratamiento dependerá de cada individuo.

21. Antrofobia: miedo a las flores

La antrofobia es el temor irracional a las flores. El miedo detona en algunos por tocarlas o estar cerca y en otros por tan solo escuchar hablar de ellas o verlas en imágenes. En casos más graves pensar en flores puede desencadenar una crisis.

Flores de colores (Alamy Images)

De la antrofobia se derivan los síntomas típicos de cualquier fobia: falta de aire, sequedad en la boca, sudoración, dolor de cabeza, náuseas, mareos, debilidad, falta de aire y respiración agitada. Ciertos individuos pueden manifestar una subida en la presión arterial.

Como casi todas las fobias raras, se originan de traumas pasados. El subconsciente reacciona a ese estímulo y lo asocia al peligro.

Las terapias también son las mismas que para otras fobias (cognitiva y de exposición), aunque se puede recurrir a otras más agresivas como la terapia de choque.

22. Aurofobia: miedo a las auroras boreales

Para muchos las auroras boreales son un espectáculo único, y para otros una experiencia aterradora.  La aurofobia está catalogada como una fobia meteorológica, junto a la selenofobia (miedo a la luna), eosofobia (miedo al amanecer) y quionofobia (miedo a la nieve).

Hombre contemplando la Aurora Boreal (Pixabay)

Si bien se trata de un fenómeno meteorológico inofensivo, el sujeto con aurofobia lo percibe como motivo de miedo irracional.

Los expertos consideran que este tipo de fobias son hereditarias, pero también pueden salir a relucir por eventos desafortunados del pasado (traumas). En Islandia, por ejemplo, las auroras boreales causan accidentes.

Generalmente se manifiesta en edades tempranas. Aunque no es un limitante, lo más sano es recurrir al profesional para curar la fobia a través de terapias de exposición gradual.

23. Fagofobia: miedo a tragar

La fagofobia es el miedo desmedido a la acción natural de tragar. El sujeto siente temor a atragantarse y evita ingerir cualquier alimento.

Si no se trata a tiempo, puede provocar desnutrición, anorexia, aislamiento y depresión. Los síntomas físicos y psicológicos son prácticamente iguales a los de cualquier fobia específica, con el agregado de una manifestar sensación de ahogo, asfixia o falta de aire y alteraciones gástricas y dolores estomacales.

Hombre comiendo espaguetis (iStockphoto)

La predisposición genética es una de las causas de esta fobia.

En el 73,17% de los casos publicados la terapia cognitivo conductual ha dado resultados. Cristina Wood, experta en trastornos de la ansiedad y el estrés, considera que «lo que hay que hacer es una reestructuración cognitiva». Es decir, cambiar la forma de pensar del paciente.

24. Ecofobia: miedo al hogar

La ecofobia, que se define como el miedo irracional y enfermizo hacia el hogar, hace que las personas sientan pánico de estar en sus casas o regresar a ellas.

Familia reunida viendo la televisión (123RF)

Está motivada por eventos traumáticos. Un sujeto que haya sufrido abusos en su hogar puede desarrollar ecofobia. Casi siempre están a la defensiva y evitan cualquier tipo de ambiente familiar.

Puede limitar la vida normal del individuo y conducirlo al aislamiento, por eso se recomiendan las terapias conductivas y técnicas PNL.

25. Koumpounofobia: miedo a los botones

Entre las fobias y miedos más raros llama la atención la koumpounofobia, que es el temor irracional a algo tan inofensivo como los botones.

Botones de diversos colores (123RF)

Existen varios grados de esta afección. Hay quienes sienten aversión a los botones y ojales, y se limitan a usar ropa con velcro o cremallera. En casos más graves, incluso se sienten mal con verlos en las prendas de otras personas.

Pareciera que no afecta la calidad de vida, pero es prácticamente imposible evitar ver botones. Este terror se origina por experiencias traumáticas y trastornos de ansiedad previos.

Al estar frente al estímulo (botones) el sujeto puede sentir mareos, náuseas, sensación de asfixia, palpitaciones, sensación de irrealidad o incluso ataques de pánico. La terapia cognitivo conductual y la hipnosis (para descubrir el origen) son las más adecuadas.

26. Latrofobia: miedo a los médicos

El chequeo anual de la salud puede convertirse en un amargo momento para los latrofóbicos. Esta repulsión excesiva e incontrolable hacia los médicos surge por traumas de la infancia o experiencias desagradables durante una visita al hospital.

Médicos en una sala de operaciones (Pixabay)

Los síntomas pueden ser físicos (náuseas, vómitos, aumento de la frecuencia cardiaca, respiración anormal, dolor de cabeza, aumento de la tensión muscular, problemas gástricos como diarrea), cognitivos (especulaciones obsesivas, imágenes mentales catastróficas, miedo a perder el control) y conductuales (evitar el encuentro con el médico, angustia, ansiedad).

Los tratamientos que utilizan técnicas de reestructuración cognitiva y desensibilización sistemática son los que eligen los profesionales para tratar esta fobia específica.

27. Optofobia: miedo a abrir los ojos

La optofobia es el terror injustificado a un acto reflejo tan normal como abrir los ojos. Se presenta en determinadas situaciones y normalmente está asociada con el miedo de ver la realidad.

Hombre con los ojos cerrados (Depositphotos)

No hay mucha información sobre esta fobia, ya que se trata de un trastorno muy raro y que pocos padecen, pero puede derivarse de episodios traumáticos. Abrir los ojos en la mañana puede desatar sentimientos de angustia y pánico en un optofóbico.

Si este miedo se convierte en perjudicial o limitante para llevar una vida normal, es aconsejable tomar terapia psicológica acompañada de técnicas de PNL y coaching ontológico.

28. Papirofobia: miedo al papel

La papirofobia (del griego papyro, que significa papiro) es el miedo patológico e irracional al papel. Podría pensarse que solo se desencadena con hojas en blanco, pero puede presentarse de muchas formas: por un papel arrugado, hojas mojadas, un libro…

Hojas de papel de colores (Pixabay)

Es difícil determinar una causa específica, porque esta fobia suele originarse en experiencias traumáticas de la niñez o juventud. Dependiendo de la intensidad, es capaz de afectar el ritmo de vida, pues hay papel en prácticamente todos lados.

El individuo experimenta ataques de pánico, acompañado de otros síntomas físicos, en presencia del papel. Entre los tratamientos destacan: terapia psicológica, hipnoterapia, grupos de apoyo, técnicas de relajación y terapia cognitivo conductual.

29. Barofobia: miedo a la gravedad

Cuando Newton descubrió el concepto de gravitación, probablemente no pensó que existiría la barofobia. Esta fobia es el miedo exagerado a la fuerza de gravedad, y se manifiesta de diferentes formas.

Niña saltando en un puente de madera (Pixabay)

Una persona con barofobia tiene pensamientos obsesivos sobre que la fuerza de gravedad se altere y todos queden aplastados por ella o que todo quede suspendido en el aire. Una foto en el ordenador del espacio o de algo cayendo puede desencadenar una crisis.

La caída de un edifico alto y hasta problemas para entender el concepto de gravedad pueden ser los causantes de esta fobia específica, aunque lo más probable es que se desarrolle por un trastorno de ansiedad previo.

El tratamiento más eficaz es la terapia cognitivo conductual y las técnicas de relajación para disminuir la ansiedad.

30. Anablefobia: miedo a mirar hacia arriba

Entre las cosas extrañas del mundo que dan miedo definitivamente está la anablefobia, que es el miedo irracional a mirar hacia arriba. En algunos casos está asociada al vértigo (sensación de movimiento o giros).

Vista del cielo desde una arboleda (Best Wallpaper)

Quienes sufren de anablefobia presentan sensación de mareo si levantan la mirada. Puede provenir de la incomprensión por la inmensidad del cielo, por el miedo a objetos que pueden caer desde arriba o por una sensación de inferioridad. Los lugares con techos altos también pueden desencadenar esta fobia.

Los síntomas son los típicos de cualquier tipo de fobia (sensación de irrealidad, mareo, náuseas…) y se pueden aplicar varias terapias psicológicas como la cognitivo conductual para superarla.

31. Escriptofobia: miedo a escribir en público

Erróneamente se cree que la escriptofobia es el miedo a escribir. Pero, de hecho, se trata al pánico desmedido que experimenta quien la sufre de hacerlo al público.

Grupo de estudiantes tomando notas de un libro (123RF)

Más que todo es el miedo a ser juzgados por su letra o por sus escritos. Esta es una fobia muy específica que se origina por malas experiencias (una mala crítica o humillación) o por un trastorno de ansiedad previo. Obligar a una persona con esta fobia a escribir puede desatar una crisis de ansiedad.

La exposición gradual a la fuente del miedo es la terapia más usada para curar este tipo de fobia; es decir, que el afectado escriba unas pocas líneas en público en compañía del psicólogo.

32. Fobofobia: Miedo al miedo

La fobofobia es un miedo irracional bastante curioso y contradictorio, pues básicamente es una fobia a las fobias.  Esta conducta obsesiva es característica de las personas que sufren de ansiedad.

Niño asustado escondido bajo varios cojines (Pixabay)

Puede afectar seriamente la normalidad del día a día, ya que la persona vive en constante exaltación ante la posibilidad de vivir situaciones que causen angustia. Y terminan padeciendo los síntomas clásicos de la ansiedad (palpitaciones, mareos, perdida de concentración).

Manuel Escudero, psicólogo clínico, comenta que:

«Cada vez que sienten síntomas de la ansiedad, algo muy frecuente en el día a día, las personas se asustan, interpretan que algo muy malo les está pasando. Y se forma un bucle que le produce una fuerte ansiedad».

33. Fronemofobia: miedo a pensar

El simple hecho de pensar es una tortura para quienes padecen de fronemofobia. Surge por experiencias traumáticas o situaciones de emergencia en la que se requiere tomar una decisión trascendental.

Mujer sentada en un banco pensado (Pixabay)

Un paciente con fronemofobia desarrolla miedo a los pensamientos. Es muy perjudicial, porque le impide tomar decisiones y conducir su vida como mejor le parezca.

Los síntomas de la fronemofobia son: aislamiento social y depresión. Evitan conversaciones y lo más peligroso es que buscan entrar en estados de inconciencia como sueño inducido, coma y hasta la muerte.

Se requieren repetidas sesiones psicológicas para superar esta fobia, en las que se aplicarán: terapias de relajación, hipnosis y programación neurolingüística.

34. Helenologofobia: miedo a los términos griegos

Una de las fobias más raras es la helenologofobia, que se define como el miedo desmedido e irracional a los términos griegos. Quienes la sufren consideran que estos conceptos son muy difíciles.

Escrito griego tallado en piedra (Depositphotos)

Teniendo en cuenta que se trata de un trastorno bastante especifico, hay poca información disponible. En casos más arraigados, la persona evita lecturas con términos griegos y hasta repele el país (tan solo imaginarse en Grecia originar una crisis de nervios).

35. Blenofobia: miedo a la viscosidad

Las sustancias viscosas son repugnantes, pero para quienes padecen de blenofobia son motivo de terror desmedido. Temen específicamente a que un elemento viscoso pueda llegar a sofocarlos. 

Líquido verde viscoso (Pixabay)

Entre las cosas que les repugnan se encuentran: el lodo, la clara del huevo, carne cruda, peces, serpientes, caracoles, babosas, fluidos corporales (propios o ajenos).

Los síntomas de la blenofobia son: hiperventilación, náuseas, mareos, sudoración, aumento de la frecuencia cardíaca, sensación de ahogo y desmayo.

Esta fobia tiene su motivación en experiencias negativas y estímulos que el cerebro asocia como peligrosos. Haberse ahogado con una sustancia viscosa, por ejemplo, puede desencadenarla.

El tratamiento más exitoso para estas fobias es la restructuración cognitiva, así como la exploración introspectiva, la exposición por imaginación, las técnicas de relajación y la desensibilización sistemática.

36. Panofobia: miedo a todo

La panofobia o pantofobia es conocida como el miedo no especifico o miedo a todo. No existe una clasificación concreta para esta fobia, pero se cree que está ligada a otras patologías como el trastorno de ansiedad generalizada, la esquizofrenia o el trastorno límite de personalidad.

Niña asustada ocultando el rostro (Pixabay)

Proviene del griego panto, que significa todos, y de phobos, que se traduce como miedo. Se asocia al dios griego Pan, al que se le atribuía la generación del miedo enloquecedor.

Afecta en gran medida la calidad de vida de quien la padece, puesto que se mantiene en un estado de preocupación excesiva por una amenaza o acontecimiento inexplicable. Es capaz de modificar el comportamiento del individuo.

Las causas no se han determinado aún, pero usualmente proviene de fobias específicas previas, cuyo temor termina magnificándose. Es esencial acudir a terapia para combatir los síntomas, que van desde el miedo irracional a objetos, situaciones, personas y animales, hasta un estado permanente de hipervigilancia.

37. Eufobia: miedo a las buenas noticias

Es una condición muy extraña que se caracteriza por el miedo desproporcionado a escuchar buenas noticias. Guarda relación con la mitofobia (miedo a la mentira).

Mujer asustada sentada en el suelo (Pixabay)

La decepción ante una falsa buena noticia puede ser el detonante de la eufobia. Eso lleva a la persona a preferir las emociones negativas y el caos, lo que probablemente reduzca su grupo social. En su mente, las malas noticias expresan realidad.

Un cuadro de ansiedad generalizada, acompañado de síntomas físicos, puede aparecer ante una buena noticia.

El tratamiento para la eufobia incluye psicoterapia conductual y medicación para aquellos que manifiestan ansiedad severa.

38. Ripofobia: miedo a defecar

No hay forma de evitar las necesidades fisiológicas. Eso supone un gran problema para los ripofóbicos, que desarrollan un miedo patológico a evacuar.

Hombre sentando en el retrete (Pixabay)

Esta fobia (que está estrechamente ligada a la misofobia o miedo a la suciedad) tiene su origen en experiencias traumáticas al momento de ir al baño, como el estreñimiento. El dolor al momento de defecar hace que la persona, sobre todos los niños, haga todo lo posible por evitar el acto en sí.

Si no se trata a tiempo, puede causar daños irreversibles en los intestinos. Además de que disminuye la vida social del individuo, por el temor a experimentar un cuadro ansioso en público.

El tratamiento de esta fobia es bastante específico. Consta de planes de alimentación (dieta rica en fibra) para evitar el estreñimiento y laxantes, acompañados de sesiones de psicoterapia conductual.

39. Textofobia: miedo a las telas

Es la aversión a determinadas telas o tejidos, pero no a todas en específico. Un textofóbico puede tener miedo de tocar la seda o el terciopelo.

Cortes de telas de distintos colores (123RF)

El individuo con textofobia tiende a evitar las prendas de vestir o de cama con el tejido que le causa pavor, así como las tiendas. Además, huyen de personas con ropa hecha del material que les causa aversión.

Se trata de una fobia específica que aparece por traumas o experiencias negativas y es perfectamente curable con terapia de exposición y programación neurolingüística.

40. Tricofobia: miedo al pelo

La tricofobia o caetofobia es el miedo irracional a los pelos, ya sea a tener que verlos o tocarlos. Es más frecuente en las mujeres, por el rechazo patológico de tener vellos en la cara.

Mujer rubia de pelo largo (Pixabay)

La gravedad depende del individuo y normalmente aparece por el condicionamiento clásico (que es la adquisición de conductas por observación). Aunque también existe posibilidad de que sea por un factor genético.

Se caracteriza por: el miedo desproporcionado ante el estímulo, sensación de falta de control y necesidad de evitación. Con síntomas comunes de las fobias, como: ansiedad desmedida, náuseas, sudoración, resequedad en la boca, latidos cardiacos acelerados y escalofríos.

No representa un riesgo para la vida, pero puede ser un limitante. Se recomiendan terapias psicológicas, Técnicas de Programación Neurolingüística (PNL) y de coaching ontológico.

Fobias raras y graciosas

Hay algunas fobias raras y graciosas que parecen inventadas, pero son muy reales y pueden hacer pasar un mal rato a quien las sufra.

41. Omfalofobia: miedo a los obligos

La omfalofobia es el miedo irracional e incontrolable hacia los ombligos. Para algunos suena absurdo temerle a una parte del cuerpo, pero para los omfalofóbicos el hecho de tocar su propio ombligo puede generar extrema incomodidad y los clásicos síntomas de ansiedad.

Mujer en bikini caminando por la playa (Pixabay)

Es difícil establecer una causa concreta, pero suele estar ligada a un trastorno de ansiedad que promueve pensamientos distorsionados acerca del ombligo.

Más allá de dificultar la higiene diaria y de evitar lugares como la playa, donde la gente exhibe sus ombligos, la omfalofobia no afecta mucho el estilo de vida de la persona. No obstante, es recomendable aplicar la terapia cognitivo conductual para eliminar la conducta de evitación.

42. Papafobia: miedo al Papa

La papafobia, como su nombre lo indica, es la aversión a la figura del Papa (máxima autoridad de la iglesia católica) y a todo lo relacionado con él. Está asociada a la hierofobia (temor a los sacerdotes y cosas sagradas) y a la hagiofobia (miedo a los santos).

El Papa Francisco durante una visita a México (Getty Images)

Probablemente tenga su origen en el miedo natural a lo desconocido o lo sagrado, sumado a problemas previos de ansiedad. También puede deberse a experiencias traumáticas.

De cualquier forma, basta con mantenerse alejado dela Santa Sede o de cualquier cosa que evoque al Papa para evitar la ansiedad. Aunque no se descarta la terapia.

43. Pogonofobia: miedo a las barbas

La barba se asocia a la virilidad, sabiduría o estatus social en los hombres, pero hay quienes no las toleran. El término pogonofobia se acuño en 1851 para referirse al miedo desproporcionado hacia las barbas.

Hombre hipster con barba (Huffington Post)

Hay quienes temen solo a los bigotes y otros a las barbas completas. De acuerdo al nivel de miedo, se pueden presentar: palpitaciones, sudoración, ansiedad extrema, náuseas, vómito, boca seca, confusión, falta de concentración y dificultad para respirar.

Tiene su origen en el condicionamiento clásico o condicionamiento precario (observación de una conducta). Una mala experiencia que involucre una barba puede ser el detonante.

Es necesario acudir a terapia, pues es prácticamente imposible evitar a personas con barbas. La meta es prevenir el aislamiento al que puede someterse la persona a través de las técnicas de relajación y las técnicas de exposición.

44. Bromidrosifobia: miedo al olor corporal

El mal olor causa repulsión, pero para las personas que sufren de bromidrosifobia cualquier olor corporal puede generar un verdadero episodio de ansiedad.

Pareja en una cafetería (Freepik)

Tiene su origen en una experiencia traumática. Si la persona pasó un momento desagradable en el que lo único que puede recordar es un intenso mal olor corporal, puede desarrollar bromidrosifobia.

Los síntomas son: aumento del ritmo cardiaco, sensación de asfixia, miedo, dolor de cabeza, mareos y ataque de pánico.

La terapia psicológica es prácticamente obligatoria para este tipo de fobias, combinada con técnicas de relajación para reducir la ansiedad.

45. Vestifobia: miedo a la ropa

La vestifobia se manifiesta como el miedo a la ropa o a vestirse. Puede parecer muy gracioso que alguien tema a algo tan inherente a los seres humanos como la ropa, pero puede limitar la vida diaria de la persona.

Interior de una tienda de ropa (Pixabay)

Los científicos han determinado que el temor a los espacios pequeños (claustrofobia) es una constante en los pacientes con vestifobia. También está estrechamente ligada a la bacteriofobia (miedo a los gérmenes y bacterias). Entonces el miedo no es a la ropa como tal, sino a sentirse apretado en ella o que esté contaminada.

Los síntomas generales incluyen: sensación de asfixia, temblores, desmayos, llanto incontrolable y pánico.

Son necesarias sesiones de psicoterapia y técnicas de desensibilización para ayudar al individuo a sentirse cómodo con la ropa.

46. Ciberfobia: miedo a los ordenadores

La ciberfobia es una fobia de reciente data que se caracteriza por el miedo racional a trabajar con ordenadores y todo lo relacionado a ellos. Fue el terapeuta Craig Brod que acuñó el término en 1985 para exponer el temor a las nuevas tecnologías y la ansiedad que provocan.

Ordenadores sobre una mesa de trabajo (Pixabay)

El miedo a lo desconocido es una de las causas más frecuentes de la ciberfobia, que tiene mayor incidencia en personas mayores de 40 años que en jóvenes. Rosa Faraj, investigadora de la Pontificia Universidad Católica de São Paulo, reveló que: 

«No es el miedo de la propia máquina, sino para mostrar su propia incapacidad para utilizar la máquina».

Puede limitar el entorno laboral y social, puesto que en prácticamente todos lados hay un ordenador.

47. Automatonofobia: miedo a las cosas animadas

La automatonofobia es el miedo irracional a las cosas animadas que representan falsamente a un ser sensible: muñecos ventrílocuos, muñecos inanimados, criaturas animatrónicas, maniquíes y hasta estatuas de cera.

Dibujos animados de Dora la exploradora

Es mucho más frecuente en niños y adolescentes. Suele originarse por experiencias desagradables ligadas a alguna película o historia de terror que cala en la psique del niño. En el caso de los adultos, esta fobia aparece como consecuencia de algún momento traumático en el que estuvo presente alguna de estas figuras.

Los síntomas son: ansiedad ante objetos que representan personas, pesadillas, taquicardia, sudoración, conducta de huida y tensión muscular.

El tratamiento más eficaz para calmar la ansiedad generada por este tipo de fobia es la terapia psicológica, específicamente la desensibilización sistemática.

48. Zemifobia: miedo a los topos

Muchos piensan que los topos son animales muy cómicos y hasta tiernos, pero otros difieren de esa afirmación.

Rata-topo ciega descansando sobre una piedra (GNU)

La zemifobia es el miedo irracional a los topos. No tiene una causa específica, sino que está asociada a alguna experiencia traumática de la niñez o adolescencia vinculada a los topos.

En niveles mínimos no supone un problema, porque es sencillo evitar el estímulo que desencadena la fobia. Pero hay quienes experimentan un cuadro de nerviosismo, sudoración y ritmo cardiaco acelerado si oye la palabra topo o piensa en ellos.

Se puede superar completamente esta fobia con terapias psicológicas, técnicas de PNL y de coaching ontológico.

49. Apeirofobia: miedo al infinito

La apeirofobia hace referencia al temor excesivo e irracional al concepto del infinito. Está clasificada como trastorno de ansiedad, y la persona que la sufre puede sentirse verdaderamente agobiado con tan solo tener un pensamiento intrusivo sobre el infinito o la eternidad.

Muelle que se adentra en el mar (Pixabay)

Sin lugar a duda, esta fobia es una de las cosas raras del mundo que pueden evocar un profundo pánico en una muy reducida parte de la población. Hay ciertos estímulos que pueden desencadenar una crisis: el cielo, el mar, secuencias numéricas interminables y la introspección.

El foco del miedo es algo abstracto, intangible. Las causas pueden estar asociadas a factores genéticos y medioambientales, sociales y de aprendizaje.

Una de las características de los apeirofobia es la necesidad constante de mantener todo en orden y bajo control. Suelen llevar una vida previsible y evitan los momentos de relajación e introspección.

Suele abordarse a través de la terapia cognitivo conductual o el mindfulness, aunque pocas veces los síntomas desaparecen por completo.

50. Teofobia: miedo a la religión

También conocida como zeusofobia, consiste en el miedo anormal a los dioses y la religión. Quienes padecen este tipo de fobia evitan incluir la religión entre sus temas de conversación y su vida diaria. Tampoco pertenecen a ningún tipo de culto religioso.

Monje budista contemplando la naturaleza (Pixabay)

Debido a que es una fobia rara y poco común, a menudo es confundida con el ateísmo. Además, suele asociarse erróneamente con el temor a Dios.

Los pacientes que padecen de teofobia pueden presentar síntomas como: ataques de ansiedad, falta de respiración, aumento de la frecuencia cardíaca, ataques de pánico y aislamiento social.

Este tipo de fobia se desarrolla luego que la persona empieza a cuestionar la veracidad de las religiones, con preguntas como: ¿cuál de todas las religiones es la más acertada? La ausencia de respuestas para estas interrogantes puede ser el detonante. Sin embargo, no todos los pacientes con dudas existenciales sobre la religión padecen de teofobia.

El tratamiento más recomendado es la psicoterapia, en concreto terapias graduadas de exposición. Dependiendo del nivel de los síntomas, el profesional también podría recurrir al uso de medicamentos.

51. Genufobia: miedo a las rodillas

La genufobia es la sensación de miedo o temor irracional y persistente a las rodillas. Al igual que la mayoría de las fobias, el nivel de genufobia varía entre los pacientes de forma muy amplia. Algunos solo temen a las rodillas descubiertas en persona, mientras que otros no pueden verlas incluso en películas o fotografías. Además, las personas pueden temerle a todas las rodillas o solo a las propias.

Rodillas de un futbolista en el campo (Pixabay)

Los pacientes con genufobia pueden manifestar pánico, aumento del ritmo cardiaco, dificultad para respirar, escalofríos y ansiedad si ven, tocan o incluso piensan en rodillas.

Por lo general se desencadena por una experiencia negativa relacionada con las rodillas, como una lesión traumática que puede haberle ocurrido al paciente o a alguien cercano. Las experiencias de la niñez también pueden influir, como una educación excesivamente religiosa o culturalmente conservadora en la que está prohibida mostrar las rodillas.

El tratamiento recomendado para esta fobia, en caso de ser muy grave, es la asistencia profesional con un terapeuta que usará técnicas de desensibilización y PNL para tratar la fobia. 

52. Araquibutirofobia: miedo a la mantequilla de cacahuete

Se trata específicamente del miedo a que la mantequilla de cacahuete se pegue al paladar e impida masticar, respirar o tragar. Los síntomas de esta fobia varían, pero la mayoría de los que la sufren manifiestan agitación, náuseas, sudoración o mareos al ver mantequilla de cacahuete.

Rebanada de pan untado con mantequilla de cacahuete (Pixabay)

La causa podría estar motivada por ideas pocas realistas sobre este alimento, generalmente adquiridas del entorno, o al observar a alguien con esta fobia (estímulo aprendido). También puede estar relacionada a trastornos alimentarios, por lo que los pacientes con esta fobia a menudo deben ser evaluados para otros problemas de salud mental.

El tratamiento incluye terapia psicológica o psiquiátrica (si viene acompañada de otros trastornos alimenticios). Pero generalmente se trata con técnicas cognitivo conductuales.

53. Gerontofobia: miedo a los ancianos

La gerontofobia es el miedo y rechazo a los ancianos. Esta es una fobia muy común en la época actual, donde los ancianos son dejados en asilos y a menudo abandonados a su suerte. Es lo contrario de la efebifofia (miedo a los adolescentes). 

Anciano sentado en un banco frente al río (Pixabay)

Este miedo surge de pensamientos en los que los ancianos son improductivos, dependientes y una carga para la sociedad. Además, también suelen ser asociados con el desgaste del cuerpo o la enfermedad. No se descartan las experiencias traumáticas como detonante.

Los gerontofóbicos suelen sentirse mal al reconocer esta aversión y por lo general sufren de culpa, confusión, incontinencia e inmovilidad al ser señalados por su fobia.

El tratamiento señalado incluye la terapia grupal, además de las sesiones con el psicólogo.

54. Uranofobia: miedo al cielo

La uranofobia es el miedo irracional al cielo. Los que la padecen manifiestan cuadros de ansiedad, en algunos casos severos, con tan solo pensar en la idea de que exista un paraíso.

Cielo lleno de nubes sobre un paisaje montañoso (Pixabay)

Se deriva de la tanatofobia (miedo a morir) y de la estigiofobia (miedo al infierno). En la mayoría de los casos aparece o en la infancia o en la mitad de la tercera década de vida.

Normalmente la desarrollan personas que fueron criadas en un hogar religioso, que piensan que no han hecho suficientes cosas buenas durante su vida como para ascender al cielo. Una experiencia traumática cercana a la muerte puede ser otra de las causas. 

Es tratable mediante la terapia conductual o cognitiva y en algunas ocasiones se recetan fármacos.

55. Filematofobia: miedo a los besos

La filematofobia es la aversión exagerada a los besos. En algunos casos puede estar ligada a la bacteriofobia (miedo a las bacterias), misofobia (miedo a la suciedad), halitofobia (miedo al mal aliento) o afenfosfobia (miedo a ser tocado).

Beso entre un hombre y una mujer (iStockphoto)

Esta fobia puede aparecer por el temor irracional de la persona a no saber besar o por el miedo de contagiarse con una enfermedad a través del beso. También es posible que se genere por una experiencia traumática previa, aprendizaje asociativo o condicionamiento clásico.

Los síntomas son: hiperventilación, sudoración, aumento de ritmo cardiaco, opresión en pecho, boca seca, náuseas, mareos, náuseas, mareos y conducta de evitación.

El miedo a los besos se supera mediante la terapia cognitivo conductual y técnicas de reestructuración cognitiva, de habilidades sociales y de relajación.

56. Penterafobia: miedo a la suegra

La penterafobia se define como el miedo irracional a las suegras y, aunque suene gracioso, puede afectar la vida en pareja de quien la padece. Esta fobia a menudo suele confundirse con simple rechazo hacia la madre del novio o esposo, pero va mucho más allá.

Hombre siendo reprendido por su suegra (Tops Images)

Los síntomas comunes de la penterafobia son: ansiedad, mareos, sudoración, dolor de cabeza, náuseas y ataques de pánico.

Por lo general aparece por un trastorno previo de ansiedad que hace que se produzcan miedos ante cualquier estímulo, aunque no se elimina la posibilidad de que esté condicionada por experiencias traumáticas del pasado.

Es necesario acudir al profesional para tratar esta fobia con terapia cognitivo conductual.

57. Basofobia: miedo a caer

La basofobia es el nombre que se le da al miedo extremo e irracional a caer. Los que la padecen se sienten incapaces de caminar o estar de pie por motivos psíquicos o emocionales. En la mayoría de los casos no sufren ningún trastorno que les impida hacerlo, más que el miedo a caer.

Hombres practicando paracaidismo (Pixabay)

El término proviene del griego basis, que significa paso, y de phobos, que se traduce como miedo. La mayoría de las personas que desarrollan este miedo han sufrido accidentes graves en los que fueron enyesados o estuvieron inmovilizados durante algún tiempo.

Solo pensar en levantarse y caer puede generar emociones negativas y síntomas físicos como: ataque de pánico, mareos, náuseas, temblores, sudoración excesiva.

El tratamiento para esta fobia es la psicoterapia, específicamente la programación neurolingüística, la terapia de exposición directa y la fisioterapia.

58. Nomofobia: miedo a salir sin teléfono móvil

El término nomofobia proviene del anglicismo no-mobile-phone-phobia. Básicamente es la dependencia al móvil llevada al extremo de que salir sin él puede generar una ansiedad extrema. Tiene sentido, si se toma en cuenta que un usuario revisa unas 34 veces por día su teléfono celular.

Hombre sujetando un teléfono móvil con la mano (Pixabay)

Puede parecer una simple adicción a este aparato tecnológico, pero en realidad oculta un profundo problema psicológico. Hasta el momento se conoce que el 6 % de la población mundial tiene nomofobia.

Salir de casa sin su teléfono móvil puede provocar algunos síntomas en un nomofóbico, tales como: ansiedad, taquicardia, pensamientos obsesivos, dolor de cabeza y dolor de estómago.

Este trastorno se asocia a problemas de autoestima y de relación, y la inseguridad suele ser la causa más común. Es más notable en los niños y jóvenes, que son más propensos a sufrir fobias como consecuencia de la dependencia a las nuevas tecnologías.

Se requiere de una terapia especializada para ayudar al paciente a eliminar la dependencia y dependerá del grado de autocontrol de cada paciente. En casos más extremos puede usarse terapia de choque.

59. Atomosofobia: miedo a las explosiones atómicas

Esta fobia se define como miedo persistente a las explosiones y armas atómicas, más que todo en base a la expectativa de que se produzca un fenómeno de este tipo en lugar cercano.

Reproducción de una explosión nuclear (Pexels)

Los síntomas varían de acuerdo al paciente, pero los más comunes son: náuseas, sudoración excesiva, temor o ansiedad, debilidad, mareos. Además, podrían estar acompañados de ataques de pánicos y sus síntomas propios como respiración agitada, frecuencia cardíaca rápida o irregular, falta de aire y presión arterial alta.

La atomosofobia no tiene una causa específica, pero pueden existir situaciones que lleven al paciente a desarrollar este trastorno, como exposición a una experiencia traumática relacionada con explosiones nucleares reales o imaginadas.

Afortunadamente, al igual que todas las fobias, la atomosofobia puede ser tratada por profesionales de la psicología con desensibilización sistemática (usando formas de realidad virtual).

60. Onomatofobia: miedo a los nombres

La palabra «onomatofobia» surge como resultado de la unión de dos términos griegos: «ónoma», que significa «nombre» y «phobos», que es «miedo» o «temor».

Cuadro con un dibujo tipo cómic con el nombre «Lucas» (Tops Images)

Por lo tanto, esta fobia supone un miedo irracional, patológico y enfermizo a los nombres o a ciertas palabras en particular.

El tratamiento que suelen llevar a cabo los psicoterapeutas para paliar este tipo de fobias es la psicoterapia.

20 famosos que tienen fobias raras

1 de cada 23 personas en el mundo sufre de alguna fobia, y los famosos no escapan de esas estadísticas. Sigue leyendo para saber cuáles artistas padecen de fobias raras.

1. Orlando Bloom: zoofobia

A Orlando Bloom lo conocemos por su actuación en grandes producciones como «El Señor de los Anillos», pero pocos sabían acerca de su aversión a los cerdos. No existe un nombre para este tipo de fobia, sino que se trata de un tipo específico de zoofobia. Este miedo irracional curiosamente surgió después de que durante la grabación de «El Reino de los Cielos» escapara una manada de cerdos en el set.

Orlando Bloom

2. Megan Fox: papirofobia

Ya habíamos mencionado que la papirofobia es el miedo irracional al papel. Megan Fox siente una fuerte aversión por el papel seco y eso dificulta una parte importante de su carrera: leer los libretos. Para hacerlo debe tener un vaso de agua cerca que le permita mojarse los dedos.

Megan Fox

3. Billy Bob Thornton: miedo a las antigüedades

Este actor, director de cine y músico estadounidense siente un terror desmesurado por las antigüedades, que puede derivarse de la ecofobia (miedo al hogar). Y no es el único, ya que en EEUU al menos 250 mil personas la sufren.

Billy Bob Thornton

El propio actor contó que surgió de forma repentina después de que miró unos muebles del siglo XVIII:

«De repente sentí un gran miedo, no podía comer, no podía beber, ni siquiera podía respirar».

4. Tyra Banks: ictiofobia

La supermodelo Tyra Banks parece no temerle a nada, excepto los delfines. Esta fobia está relacionada a la ictiofobia, que es la aversión a los peces. La estrella declaró:

Tyra Banks

«Crees que un delfín es dulce y amable, pero para mí, no lo es».

Y además reveló que siente ansiedad y pánico al ver e incluso hablar o pensar sobre delfines.

5. Christina Ricci: botanofobia

A Christina Ricci la recordamos como la sombría Merlina Addams. Sufre de una extraña fobia conocida como botanofobia, que es el miedo irracional a las plantas.

Christina Ricci

Ella ha confesado en varias oportunidades que puede sufrir de mareos y hasta desmayarse si llega a tocar una planta:

«Si tengo que tocar una me da asco al instante, y más por el hecho de que están dentro de la casa, pues la ensucian».

6. David Beckham: ataxofobia

El famoso exfutbolista británico siempre luce perfecto, pero tiene miedos como cualquier otro. En varias oportunidades ha confesado lo mucho que le incomoda el desorden. A esta conducta se le conoce como ataxofobia (miedo al desorden) y puede llegar a provocar mucha ansiedad en quien la padece. También padece de ranidafobia (aversión a las ranas).

David Beckham

7. Woody Allen: panofobia

El excéntrico director de cine sufre de panofobia, que se caracteriza por el terror hacia cualquier situación que pueda considerar amenazante. Allen siente aversión por: los insectos (entomofobia), los espacios cerrados (claustrofobia), las multitudes (demofobia), los niños (pedofobia), los ciervos (zoofobia) y las alturas (acrofobia). 

Woody Allen

8. Nicole Kidman: papilofobia

La actriz estadounidense no tolera las mariposas. A esta fobia se le conoce como papilofobia, y de hecho su temor es tan grande que aseguró que:

Nicole Kidman

«Si veo a una en la puerta de mi casa, soy capaz de saltar la reja y subir por la ventana con tal de evitarla».

9. Jennifer Aniston: aerofobia

La actriz de la popular serie Friends sufre de aerofobia (miedo a volar) y confesó que cada vez que debe subirse a un avión necesita tomar tranquilizantes. Esta fobia se desencadenó tras una experiencia desagradable durante un vuelo en medio de una tormenta.

Jennifer Aniston

10. Madonna: brontofobia

La Reina del Pop reveló que le tiene miedo a las tormentas, rayos y truenos. Algo curioso tomando en cuenta que vivió varios años en Inglaterra, donde las tormentas son algo habitual.

Madonna

También le teme a la muerte (tanatofobia), que es una fobia muy común. Al respecto ha dicho:

«El final de cualquier cosa implica la muerte: el final de una relación, de una carrera, de la vida física tal como la conocemos».

11. Johnny Depp: coulrofobia

A Johnny Depp, que ha sido catalogado como un actor muy versátil, padece de coulrofobia, que es el miedo irracional a los payasos. Ha intentado luchar contra su fobia interpretando papeles de personajes parecidos a los payasos, como lo hizo con el Sombrerero Loco en la película Alicia en el País de las Maravillas.

Johnny Depp

12. Carmen Electra: hidrofobia

A pesar de que saltó a la fama interpretando a un salvavidas en Los Vigilantes de la Playa (Baywatch), esta famosa actriz le tiene pánico al agua. Sin embargo, aclaró que este miedo solo surge frente a grandes cantidades de agua, como el mar.

Carmen Electra

13. Matthew McConaughey: Miedo a las puertas giratorias

El ganador del Oscar sufre de claustrofobia, pero más específicamente a quedar atrapado en una puerta giratoria, que son comunes en los hoteles. Por ello siempre busca puertas normales por las que pueda entrar o salir de los lugares que frecuenta. En una entrevista confesó:

Matthew McConaughey

«No me gustan las puertas giratorias ni tampoco ese punto ciego cuando conduces dentro de un túnel».

14. Adele: ornitofobia

Adele, con la mayor cantidad de discos vendidos en este siglo, sufre de ornitofobia (aversión a las aves). Pero no le teme a todas, sino a las gaviotas específicamente. Esta fobia se generó después de que uno de estos animales la atacara con fuerza y le dejara una cicatriz en el hombro.

Adele

15. Pamela Anderson: catoptrofobia

Pamela Anderson sufre de catoptrofobia, que es la aversión a los espejos. No tolera verse reflejada en uno, por esa trata de mantenerse lo más alejada posible de estos objetos tan comunes.

Pamela Anderson

16. Brad Pitt: selacofobia

El actor estadounidense tiene selacofobia, que es el miedo irracional a los tiburones. Su expareja Angelina Jolie reveló hace un tiempo que Pitt no puede soportar la idea de ver a sus hijos en el mar, porque teme que sean atacados por estos animales.

Brad Pitt

17. Rihanna: ictiofobia

A Rihanna la conocen como «la princesa de Barbados». Es muy extraño que viniendo de una isla no soporte los peces, pero efectivamente sufre de ictiofobia (temor a los peces).

Rihanna

Ella confesó que una vez tuvo que ser sacada del agua porque sufrió un ataque de pánico:

«Le tengo mucho miedo a las criaturas del mar. Incluso un pequeño pez».

18. Scarlett Johansson: entomofobia

La actriz americana sufre de dos fobias muy específica: blatofobia (miedo a las cucarachas) y ornitofobia (miedo a las aves).

Scarlett Johansson

Ella contó que un día se despertó con uno de estos insectos en la cara y desarrolló un miedo irracional:

«He intentado tocar cucarachas para superar mi fobia, pero me resulta imposible. Me dan miedo desde un día que me desperté con una en mi pie y otra en mi cara».

Y en la película Un lugar para soñar tuvo que acercarse a su otro miedo: las aves. En esa ocasión dijo:

«Tengo miedo a las aves. Algo acerca de sus alas, picos y aleteos. Me horrorizan. Sin me hubieran pedido que pusiera un pájaro en mi hombro lo hubiera hecho, pero hubiera sido muy difícil. Estaba aterrorizada con los pavos reales en el set».

19. Alfred Hitchcock: ovofobia

Alfred Hitchcock es considerado como uno de los grandes exponentes del cine. Con el suspenso que imprimía en cada película, es extraño pensar que sufría de ovofobia (miedo a los huevos).

Alfred Hitchcock

En una entrevista afirmó:

«Tengo miedo a los huevos, es algo peor que miedo, me repugnan. Esa cosa redonda y blanca sin agujeros… ¿Alguna vez has visto algo más repugnante que una yema de huevo rompiéndose y derramando su líquido amarillo?».

20. Khloé Kardashian: omfalofobia

La más joven de las hermanas Kardashian sufre de omfalofobia, una fobia rara que se caracteriza or la aversión a los ombligos.


Khloé Kardashian

Ella manifestó que para poder tomar una ducha debe usar guantes, pues no soporta tocar su propio ombligo:

«Grito cada vez que me lavo el ombligo».

Cómo se diagnostican las fobias raras

En algunos casos los pacientes manifiestan síntomas y signos claros, lo que hace que no sea necesario realizar más pruebas diagnósticas. Pero la mayoría de las personas no están conscientes del tipo de fobia que sufren o qué las desencadena, por eso los profesionales aplican entrevistas diagnósticas. Si se sospecha de una causa orgánica se requieren otras pruebas, pero no es la regla.

La entrevista consta de varios pasos. El primero es identificar la ansiedad, en  la que se le formularán las siguientes preguntas al paciente:

  • ¿Cómo le están yendo las cosas últimamente?
  • ¿Considera usted que está teniendo algún problema de estrés, preocupaciones o ansiedad excesivos?

Si las respuestas son afirmativas, se procede a indagar más a fondo:

  • ¿Qué clase de cosas le preocupan?
  • ¿Experimenta en alguna ocasión de forma repentina síntomas o sensaciones físicas desagradables tales como palpitaciones o vértigos? ¿Tiene sensaciones de miedo o pánico en esas ocasiones?

Si se identifica un problema, hay que continuar explorándolo:

  • ¿Este problema le molesta mucho?
  • ¿Este problema interfiere con su trabajo, actividades o relaciones?

Las terapias, como hemos mencionado, van a depender del paciente y su trastorno. Las más utilizadas son: terapia de exposición, terapia cognitiva conductual, terapia del comportamiento cognoscitiva, desensibilización, Programación Neurolingüística (PNL) y medicación. El cerebro humano es impresionante. La capacidad de desarrollar miedos a prácticamente cualquier cosa que logre percibir, es lo que da vida a las fobias raras. Hay unas que pasan desapercibidas y no afectan la calidad de vida de una persona (como la papafobia), pero algunas de las fobias más raras traen consigo efectos negativos que deben tratarse con terapia. Cuando se trata de fobias, todo es posible. Algunas resultan comprensibles y otras sencillamente graciosas.

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