Cultura

Simat de la Valldigna: Llegó la Guerra

A Simat de la Valldigna como a la mayoría de los pueblos valencianos, llegó la guerra. Y llegó para quedarse durante generaciones.

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La situación social hacía que fuera casi imposible un desarrollo moderno de la sociedad. Muy marcado por el caciquismo, se mantenían unas estructuras anticuadas, casi imposibles de cambiar. Y uno de los estamentos más perjudicados eran los jornaleros, que se mantenían durante generaciones en un estado miserable, lo que provocó bastantes casos de emigración.

El 14 de abril de 1931, al proclamarse la República, se abría una esperanza de cambio en toda España. Fueron momentos de gran ilusión, abría que dar paso a una nueva época.

Simat de la Valldigna

El principal impulso económico de Simat era la comercialización de la naranja. En el pueblo habían siete u ocho almacenes, que daban ocupación a la mayoría de la población. Cuando se daba por finalizada la época de la recolección, la gente se dedicaba a hacer diversos trabajos. Los trabajadores no estaban en ningún sindicato, aunque comenzaron a hacerlo cuando Trifón Gómez, por esa época Secretario General de la UGT, llegó a Simat, para dar un mitin, y un pequeño grupo de trabajadores formo un sindicato socialista, al que se puso en nombre de la PORRA.

En las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, registró en la población el triunfo de la opción republicana. El cambio de estructuras políticas, no supuso ningún cambio en las condiciones sociales ya que, al predominar el minifundio, dos o tres familias dominaban la vida política y económica de Simat.

Los trabajadores se organizan

Durante la Segunda República, los trabajadores comenzaron a estructurarse dentro del sindicato de UGT, incluyendo un pequeño grupo de anarquistas que, al no disponer de local propio, actuaban dentro de la UGT.

Las complicaciones no tardaron en llegar. Las derechas ejercieron su presión, boicoteando las propuestas del Gobierno encaminadas a paliar el paro agrícola. Esta presión provocó el recrudecimiento de las huelgas en el sector. Como consecuencia, día a día la situación se fue agravando entre los jornaleros y los que podían darles trabajo.

El ayuntamiento creó una lista de jornaleros en paro ─La Roda─, lista a la que tenían que acudir los patronos en busca de trabajadores. Pero esta medida se fue al traste por ser el turno riguroso y no poder elegir los patronos a los braceros que ellos desearan. La gente comenzó a pasar hambre.

Muchos trabajadores iniciaron un sistema de trabajo, al que llamaron “ir a trabajar al Asalto”. Que consistía en ir un grupo de jornaleros a trabajen en un campo que ellos consideraran mejorable. Al acabar se dirigían a cobrar a los propietarios. Esto provocó conflictos, que llevó a los propietarios a reunirse en el casino de la plaza del pueblo ─La Ratera─ donde acordaron no pagar esos jornales. La violencia fue en aumento, centrándose las represalias en la iglesia, donde se cometieron actos vandálicos.

La sublevación del ejército de Marruecos

Llegamos al 17 de julio de 1936, fecha de la sublevación del ejército de Marruecos, un levantamiento apoyado por la mayoría de las guarniciones peninsulares, aunque en Valencia las guarniciones no se decidieron a salir, esperando noticias del resto de las capitales. Las centrales sindicales declararon la huelga general, hecho que también se declaró en Simat, tomando el cuartel de la Guardia Civil, abandonado por los guardias que se habían trasladado a Valencia dejando sus armas, que fueron cogidas por los elementos más revolucionarios del pueblo.

En Simat de la Valldigna, la CNT y la FAI se dispusieron a dominar la situación. En el Ayuntamiento se formó un Comité Revolucionario, que decidió, ante la desaparición de la Guardia Civil, la formación inmediata, de unas milicias para controlar la situación. Más como no había fondos para mantenerlas, se obligó a los ricos a aportarlos. El alcalde socialista se negó, pero fue detenido y trasladado a la comarcal de Gandía de la CNT. También, el Comité, obligó a muchas personas de derechas a ir a trabajar a la sede de dicho Comité, y al campo.

Llega la República… ¿para qué?

La llegada de la República no hizo cambiar la situación de los trabajadores, la miseria y el hambre seguían muy presentes. Los jornaleros y pequeños propietarios, necesitados de un sueldo para sobrevivir, se encontraron con el poder en sus manos. La CNT parecía ser la única fuerza decidida a cambiar las cosas. La violencia ejercida contra los propietarios llegó a límites insospechados. La iglesia era una prisión, se había detenido a algunos falangistas y a un cura.

Una noche se presentó un coche con gente armada, que no eran del pueblo, pidiendo que se les entregara a los presos. El segundo alcalde se negó, pero ante las amenazas, no tuvo más remedio que entregar a los cinco presos que había en la iglesia. Al día siguiente regresaron dos, pero los otros tres, fueron encontrados muertos cerca de Gandía.

 Continuó llegando gente de fuera, esta vez acompañados por milicianos del pueblo, que les indicaban las casas de la gente de derechas. El Comité fue dominado por gente exaltada. La gente que pudo huyó, buscando seguridad, sobre todo a Valencia. Esta violencia, en un pueblo pequeño como Simat de la Valldigna, lo marcó durante décadas.

Surge la colectividad

Al igual que en la mayoría de los pueblos de la zona republicana, en Simat se creó una colectividad, que tenía como base las tierras que habían sido abandonadas por sus propietarios. La participación en dicha colectividad era voluntaria, aunque la mayoría de las personas que entraron en ella, lo hicieron en busca de un salario.

La colectividad se mantuvo hasta que el Gobierno Central, inició la centralización de la zona republicana, creando un nuevo ejército y suprimiendo los diferentes comités, con lo que las colectividades fueron languideciendo.

El 23 de mayo de 1937, por orden del Gobernador Civil, se constituyó un nuevo Consejo Municipal, disolviéndose la anterior Gestora Municipal y los diferentes comités. Una de las primeras acciones fue solicitar que la Guardia de Asalto se estableciera en el pueblo, haciendo que las milicias fueran cosa del pasado; lo cual aportó cierta tranquilidad a las personas de derechas que aún quedaban en el pueblo. Ya solo quedaba esperar el final de la guerra.

Al finalizar esta, las tierras fueron devueltas a sus propietarios. Dando comienzo, a partir del 1 de abril de 1939, una represión con una violencia feroz. Veintisiete simateros fueron fusilados, entre los dirigentes del Comité y la colectividad; otros huyeron a la montaña y a Francia. El sentimiento de venganza era enorme.

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  • El sentimiento de vénganza era enorme porque al principio de la guerra miembros de la FAI de Gandía venían a Simat con la conocida como “guagua” a hacer sacas, llevarse a gente y asesinarla, y en más de un caso martirizarla y torturarla previamente. En torno a unas 30 personas fueron vilmente asesinadlas por el hecho de ser falangistas, de derechas, catolicos o poseer alguna propiedad del gusto de alguno de los que cometieron las barbaridades del llamado terror rojo. Y hablamos de 30 personas en un pueblo que por entonces tenía unos 1.000 habitantes, o lo que es lo mismo, un 3% de la poblacion. Es conveniente conocer el porqué de tal sentimiento de venganza.

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