Reyes de la península ibérica. Don Pelayo y su esposa Gaudiosa

Situación política de la península

Comienza el siglo VIII, el siglo de los sarracenos, el sábado 1 de enero del año 701. La Península está ocupada por los visigodos, al frente de los cuales están, en regni concordia, Égica y su hijo Witiza, continuando éste en solitario a partir del 702/703, a la muerte de Égica.

Retrato de Witiza, rey de los visigodos (Biblioteca Nacional de Austria)

A la muerte de Witiza le sucederá en el trono, en el año 710, Rodrigo, quién, según la Crónica mozárabe, se apoderó del trono de forma violenta, contando con una parte importante de la aristocracia, aunque es posible que tuviera que afrontar la división del reino con Agila II en el noreste.

No pasaría Rodrigo a la historia por su gobierno, ya que sus rivales se pusieron en manos del líder musulmán norteafricano Táriq Ibn Ziyad, quien, con su victoria en el año 711, en la batalla de Guadalete, cerca de Medina Sidonia, inicia la conquista del reino.

‘El rey Don Rodrigo arengando a sus tropas en la batalla de Guadalete’, 1871 (Bernardo Blanco y Pérez)

Entre el año 716 y el 725, los musulmanes conquistan la Septimania, última provincia visigoda, poniendo fin al reino visigodo e inaugurando el período islámico en la historia de España.​

Pero en una fecha incierta entre 718 y 722 estalló una revuelta en Asturias contra los conquistadores, capitaneada por el noble visigodo Pelayo, que obtuvo una victoria en la denominada batalla de Covadonga.

Seguramente siguieron escaramuzas y pequeñas batallas hasta que, en el 722, hicieron huir al gobernador musulmán de Asturias.

Mapa de Hispania en el siglo VIII

Don Pelayo

Aunque existe una gran confusión sobre su nacimiento, al mezclarse leyendas con datos históricos, parece ser que era de la estirpe visigoda.

Don Pelayo se había refugiado en el norte de la cordillera Cantábrica, siendo proclamado rey de Asturias, entre los años 716 al 718, en algún lugar entre Cangas de Onís y Covadonga.

Pero al no contar con las fuerzas necesarias para hacer frente a Musa ibn Nusayr y Tariq, optó por pequeñas escaramuzas, beneficiadas por la idea de los musulmanes de extender el Islam por Europa a través de la Galia.

Estatua del Rey Pelayo en Gijón

Esto alivió la presión sobre don Pelayo y sus huestes, permitiéndoles infligir pequeñas derrotas a algunos destacamentos musulmanes, como la que se produce entre los años 717 a 722, cuando logran derrotar a una expedición enviada por Al-Hor y mandada por Alkama en Covadonga.

Covadonga

La batalla de Covadonga no fue la terrible batalla de las crónicas cristianas ya que, con los pocos hombres con que contaba don Pelayo, no era posible infligir la derrota de la crónica de Alfonso III. Ésta más bien pretende dar una actitud heroica a estos primeros combates contra los musulmanes.

Covadonga se convierte así en un símbolo de la resistencia de los cristianos frente a los musulmanes. Un ejemplo de ello es la leyenda de la Cruz de la Victoria, que pasó de ser una simple cruz de madera que Pelayo usó como estandarte en Covadonga, a convertirse en el símbolo de Asturias después de que Alfonso III la recubriese de oro y piedras preciosas.

Conjunto monumental del Real Sitio de Covadonga, Cangas de Onís.

El triunfo en Covadonga le llevó a establecer su corte en Cangas de Onís, en las estribaciones de los Picos de Europa. La situación militar hacía aconsejable refugiarse en un territorio montañoso que fuera poco accesible para las aceifas musulmanas.

Don Pelayo fue aglutinando en su reducto de Cangas de Onís a todos los cristianos de las tierras vecinas, aumentando su hueste, que ya se atrevía a hacer incursiones en los territorios medio abandonados por los musulmanes al otro lado de las montañas asturianas.

Gaudiosa

Gaudiosa fue la esposa de don Pelayo. Al parecer nació en Cosgaya, en la comarca cántabra de Liébana, donde pudo conocer al que sería su marido. Fruto del matrimonio fueron Favila, segundo rey de Asturias, y Ermesinda.

Fallecido su esposo en el 737, tras diecinueve años de reinado, no tardó en seguirle Gaudiosa, siendo enterrada en la iglesia de Santa Eulalia de Abamia, en la localidad asturiana de Abamia, donde también recibió sepultura su esposo, don Pelayo.

Alfonso X el Sabio, rey de Castilla y León, ordenó trasladar los restos de ambos a la Santa Cueva de Covadonga, donde reposan en una cavidad natural introducidos en un túmulo de piedra, junto a Ermesinda, hermana del rey.

Tumba del rey don Pelayo y Gaudiosa en la Santa Cueva de Covadonga.
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