Cultura

El mal de ojo y el nazar: orígenes perdidos y un significado intacto

Aunque la creencia del mal de ojo haya sido ignorada por una amplia parte del mundo en el que vivimos, cada habitante del planeta parece saber que cada individuo tiene la posibilidad de hacer el mal desde un punto de vista espiritual.

Las supersticiones y sus curiosos orígenes

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Tradición perdida en la historia

El mal de ojo es una especie de maldición o mala energía que se le adhiere a alguien a través de una mirada maliciosa, no pocas veces producto de la envidia.

Este gesto, hecho de manera subrepticia, termina por cargar a la persona, especialmente a los bebés o niños, de una desgracia particular que, en algunos casos, se dice que puede desembocar en la muerte.

Para ello, una pequeña figurita en forma de ojo, llamada popularmente nazar, serviría como conjuro para sortear el peligro. Históricamente, este objeto tiene una fecha bastante remota de existencia: aproximadamente en el año 3300 a.C. y está presente en civilizaciones tan antiguas como Mesopotamia o Siria.

Historiadores como Plutarco estaban convencidos de que el ojo humano tenía la facultad de liberar ciertos rayos invisibles con los que se podía perjudicar a los demás. En su caso, había un asidero biológico: algunos habitantes del mar Negro, cuyos ojos azules eran toda una rareza y, por ende, motivo de suspicacia.

En cambio, la idea del mal de ojo tal vez sea tan antigua como el miedo mismo.

Expansión por el mundo

Así, aunque en el Levante y el Mediterráneo tuvo su principal núcleo de vida, el uso del nazar poco a poco fue expandiéndose hasta el punto de considerarse una práctica incluso rutinaria dentro de las familias que, por ejemplo, acaban de tener un bebé y esperan protegerlo a toda costa.

A partir del año 1500 a.C. es cuando estos amuletos comienzan a cambiar su forma para semejarse a los que existen en la actualidad. Los objetos adquieren color azul gracias al tipo de barro con el que comenzaban a confeccionarse, el cual contenía cobre y cobalto.

Significado intacto

Sin embargo, lo más asombroso es que, a pesar de la cantidad de personas que lo emplean, las culturas tan diversas que lo han absorbido y el impacto que ha tenido en la sociedad, su sentido original no ha sido transfigurado bajo ninguna circunstancia.

De hecho, se emplea durante algunos vuelos de aviones de la misma manera en que los marineros lo colocaban en la proa de sus barcos. Y todo indica que seguirá siendo así.

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