Cultura

Viajamos a lugares increíbles que solo existen en los libros

Gracias a la imaginación y al ingenio de autores de todas las épocas hemos conocido lugares fantásticos, ciudades recónditas e incluso mundos completos en donde todo es posible.

La ínsula de Barataria, las ciudades de Narnia, Arkham y King’s Landing, entre otros muchos lugares, forman parte del imaginario colectivo de millones de lectores de todo el mundo.

En ellos la libertad y la fantasía son sus únicas coordenadas. Por suerte o por desgracia, estos lugares no tienen una localización física concreta, lo cual los hace más exclusivos y maravillosos, pero esto no es óbice para que nos refugiemos en ellos siempre que lo deseemos.

GPS literario

En algunos casos el autor nos proporciona las claves geográficas para poder encontrarlos. Así por ejemplo, sabemos que si se sigue el camino de las baldosas amarillas se llega…, a la Ciudad Esmeralda. Este es el consejo que recibe Dorothy para encontrar al Mago de Oz, el único que puede devolverla a su Kansas natal.

James Hilton en «Horizontes perdidos» (1933) nos describe con todo detalle Shangri, una ciudad perdida en las montañas del Himalaya, en donde se sitúa cierto monasterio tibetano. Su gobierno se basa en la sabiduría y sus habitantes viven cientos de años, lo cual ha servido de reclamo a intrépidos aventureros.

Ilustración de Shangri-La (Olga Antonenko)

En algunos casos se precisa de algo más que un GPS para poder encontrarlos: si giras en la segunda estrella a la derecha y vuelas hasta el amanecer llegarás a Neverland –el país de Nunca Jamás–.

Allí viven rencorosos piratas, aguerridos nativos americanos, celosas sirenas y toda una pléyade de personajes imaginarios. Y en donde, según JM Barrie, los niños nunca crecen.

En otros casos hay que seguir a un elegante e impuntual conejo blanco –como le pasó a Alicia– para terminar en el «País de las Maravillas«. Un reino habitado, entre otros personajes, por un gato sonriente, caprichosas y malhumoradas cartas y un sombrerero loco.

El País de las Maravillas de la película de Tim Burton, 2010.

Desde islas hasta asteroides

El universo narrativo y las peripecias de los personajes no tienen límites. Reinos, ciudades o islas han servido de telón de fondo para que pintorescos personajes lleven a cabo las peripecias más insospechadas.

Así por ejemplo, el cirujano Lemuel Gulliver naufragó en las costas de Liliput, donde fue capturado por seres de minúsculo tamaño y llevado a Mildendo, su capital. Esto es parte de la trama ideada por el clérigo irlandés Jonathan Swift.

Los hombres, enanos, elfos, hobbits y otros seres comparten hábitat en «la Tierra Media», el escenario donde transcurre la acción de «El Señor de los anillos«, la fantasía épica que surgió de la imaginación de JR Tolkien.

Mapa de la Tierra Media.

En algún caso la narración nos lleva a viajar por el espacio estelar. Gracias a Saint-Exupéry sabemos que todas las mañanas «El Principito« quitaba las raíces de baobab y deshollinaba los tres volcanes del minúsculo planeta donde vivía, el asteroide B 612.

Nunca faltan escritores más osados y cargados de metáforas. En 1972, Italo Calvino publicó «Las ciudades invisibles«, una de sus novelas más emblemáticas, donde Marco Polo describe un periplo por cincuenta y cinco urbes, un verdadero catálogo viajero.

¿Y si realmente existieran?

Hay veces que la ficción acaba formando parte de la realidad. ¿Cuántos han sido los turistas que en su viaje a Londres han visitado el andén 93/4 de la estación de King’s Cross, después de haber leído Harry Potter?

Andén 93/4 de King’s Cross, Londres.

Este no es el único ejemplo. En el siglo XII se publicó el poema «Lancelot, el caballero de la Carreta«, de Chrétien de Troyes, en el que se describe por vez primera Camelot, la corte del legendario rey Arturo y sus caballeros de la mesa redonda.

Son muchos los que, a lo largo de los siglos, no han escatimado en esfuerzo, dinero y tiempo para encontrar este mítico reino. Algunos han dado por bueno el castillo de Cadbury, al sur de Inglaterra.

Macondo es la ciudad en la que Gabriel García Márquez ambientó la acción de «Cien años de soledad» (1967) y donde vive la familia Buendía. Estudiosos y lectores de todo el mundo coinciden en que el escritor colombiano describió Aracataca, el municipio que le vio nacer.

Estación de tren de Aracataca.

Hace ya unos años los habitantes de este humilde pueblo del departamento de Magdalena sometieron a referéndum local cambiar su nombre por el literario. Afortunadamente, la propuesta fue rechazada y «Macondo» tan solo existe en la imaginación del lector.

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