Ciencia & Tecnología

158 tortugas gigantes regresan a Floreana después de casi dos siglos

La isla Floreana, en el archipiélago ecuatoriano de Galápagos, vuelve a tener tortugas gigantes después de más de 180 años sin ellas. El 20 de febrero de 2026 fueron liberados en su hábitat ancestral 158 ejemplares jóvenes con ascendencia de la tortuga gigante de Floreana (Chelonoidis niger), un linaje que desapareció de la isla a mediados del siglo XIX. El regreso no es una simple suelta de animales: culmina más de dos décadas de investigación genética, reproducción bajo cuidado humano y restauración de un ecosistema profundamente alterado por la actividad humana y por especies introducidas.

La historia resulta especialmente singular porque la población original de Floreana sí se extinguió. Durante el siglo XIX, balleneros y otros navegantes capturaron tortugas como alimento, mientras animales invasores introducidos en la isla aumentaban la presión sobre el ecosistema. Cuando Charles Darwin visitó Floreana en 1835, el declive ya era evidente. La especie terminó siendo la primera tortuga gigante de Galápagos en desaparecer de su isla natal.

Más de 180 años después de su desaparición, 158 tortugas con linaje de Floreana volvieron a caminar por la isla.

El giro llegó en el año 2000, lejos de Floreana. Durante estudios de las tortugas del volcán Wolf, en la isla Isabela, investigadores y guardaparques encontraron ejemplares con caparazones en forma de silla de montar, un rasgo extraño entre las tortugas propias de aquella zona. Los análisis genéticos posteriores mostraron que algunos eran híbridos y conservaban ascendencia de Chelonoidis niger. La explicación encajaba con registros históricos según los cuales los marineros trasladaban tortugas entre islas y, en ocasiones, abandonaban algunos animales.

Aquel hallazgo significaba que la población original había desaparecido, pero parte de su patrimonio genético seguía vivo. A partir de ejemplares con fuerte ascendencia de Floreana se desarrolló un programa de reproducción en el centro de crianza de Santa Cruz. Los emparejamientos fueron guiados por información genética con el objetivo de producir descendientes capaces de recuperar en Floreana las funciones ecológicas que habían desempeñado sus antepasados.

El proceso exigió tiempo. Los juveniles liberados habían crecido durante aproximadamente 12 a 14 años bajo cuidado humano hasta alcanzar un tamaño que mejorara sus posibilidades de sobrevivir en libertad. La fecha de la suelta tampoco fue casual: se eligió la estación lluviosa, cuando la vegetación es más abundante y las condiciones ofrecen a los animales más alimento y agua.

Las tortugas gigantes son consideradas ingenieras del ecosistema. Al desplazarse y alimentarse abren espacios entre la vegetación, dispersan semillas a largas distancias y contribuyen a modificar las comunidades vegetales y los procesos del suelo. Su ausencia durante casi dos siglos dejó a Floreana sin una pieza que históricamente había participado en la configuración del paisaje. Por eso, el objetivo del proyecto no consiste únicamente en volver a ver tortugas en la isla, sino en recuperar procesos ecológicos perdidos.

El regreso busca algo más que recuperar una especie: pretende devolver a Floreana procesos ecológicos ausentes durante casi dos siglos.

El regreso forma parte del Proyecto de Restauración Ecológica de Floreana, dirigido por las autoridades ambientales ecuatorianas a través de la Dirección del Parque Nacional Galápagos y la Agencia de Regulación y Control de la Bioseguridad y Cuarentena para Galápagos, con la participación de varias organizaciones científicas y conservacionistas. El plan es de largo recorrido: contempla restaurar hábitats y reintroducir, cuando las condiciones lo permitan, otras especies que desaparecieron localmente.

Los 158 ejemplares constituyen, por tanto, una primera población reintroducida, no el final del programa. Las tortugas serán objeto de seguimiento y controles, mientras los adultos reproductores permanecen bajo cuidado para seguir generando nuevas crías. La previsión es realizar liberaciones adicionales de manera gradual a medida que otros juveniles alcancen la edad y el tamaño adecuados.

La restauración de Floreana sigue abierta y requerirá vigilancia durante años. Los propios responsables del programa subrayan que recuperar exactamente la tortuga original es imposible: los animales liberados proceden de un linaje reconstruido a partir de híbridos que conservaron ascendencia de Floreana. Ese matiz es importante. Lo que ha regresado es una población con herencia genética de la tortuga extinta, criada para desempeñar de nuevo su papel ecológico en la isla.

El resultado, aun así, cierra un vacío histórico muy concreto. En 2000, unas tortugas inesperadas en un volcán de otra isla revelaron que parte del linaje sobrevivía. Veintiséis años después, 158 de sus descendientes han vuelto al lugar del que sus antepasados desaparecieron en el siglo XIX. Su supervivencia, reproducción y efecto sobre el paisaje determinarán ahora hasta qué punto Floreana puede recuperar una dinámica ecológica que llevaba más de 180 años interrumpida.

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