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Vacaciones sin sustos: cómo dejar el jardín y la piscina listos antes de irte en agosto

Agosto está a la vuelta de la esquina y, con él, llegan las maletas, los atascos de la operación salida y esa sensación de que algo se te olvida.

Casi siempre se olvida de algo. Y con frecuencia, ese algo tiene que ver con el jardín o con la piscina.

Dejar la casa cerrada durante dos semanas en pleno verano conlleva riesgos. Las plantas lo pasan mal, el agua de la piscina se estropea en cuestión de días y cualquier fallo pequeño se convierte en un problema serio porque no hay nadie en casa para arreglarlo.

La buena noticia es que, con una tarde de preparación, puedes irte tranquilo. Aquí tienes lo que conviene revisar antes de cerrar la puerta.

Programa el riego, pero pruébalo antes

El riego automático es tu mejor aliado en vacaciones, siempre que funcione. Y ahí está el matiz. Muchos programadores llevan meses con los mismos ajustes de primavera, cuando las plantas pedían mucha menos agua. Sube la frecuencia unos días antes de irte y observa cómo responde el jardín.

Aprovecha también para revisar los goteros uno a uno. Con la cal que hay en muchas aguas de España, no es raro que dos o tres estén obstruidos sin que te hayas dado cuenta. Un gotero taponado en agosto significa una planta menos en septiembre.

Un truco que usan mucho los jardineros: riega en profundidad el día antes de salir. Un riego prolongado y lento impulsa a las raíces a buscar agua más abajo, donde la tierra conserva la humedad. Las plantas aguantan mejor los días de más calor.

La bomba es el corazón del sistema

De poco sirve un programador bien ajustado si la bomba de riego falla al tercer día. Es la pieza que más trabaja y, curiosamente, la que menos atención recibe.

Antes de irte, escúchala. Una bomba en buen estado suena estable, sin vibraciones inusuales ni arranques bruscos.

Limpia el filtro, comprueba que la presión llega bien a todas las zonas y fíjate si tarda más de lo normal en cebar. Si el equipo ya tiene años y da señales de cansancio, mejor resolverlo ahora: evita problemas con una bomba de agua fiable y no dejes que una avería te pille a 400 kilómetros de casa.

La piscina también se va de vacaciones

El agua de una piscina sin vigilancia se pone verde antes de lo que imaginas, sobre todo a temperaturas superiores a 35 grados. No hace falta mucho para evitarlo.

Ajusta el cloro al nivel alto del rango recomendado justo antes de salir y deja un dosificador flotante con pastillas de liberación lenta.

Programa la depuradora para que funcione unas ocho horas al día, preferiblemente en horario nocturno, cuando la electricidad suele ser más barata y la evaporación es menor.

Si tienes cobertor, úsalo. Reduce la evaporación hasta un 70 % y mantiene el agua limpia de hojas e insectos. Volver de vacaciones y encontrarse la piscina lista para el baño no tiene precio.

Los pequeños gestos que marcan la diferencia

 Hay detalles que cuestan cinco minutos y que ahorran muchos disgustos. Agrupa las macetas en una zona de sombra; así se dan sombra entre sí y pierden menos agua.

Una capa de corteza de pino sobre los parterres reduce la evaporación del suelo de forma notable.

Y si tienes un vecino de confianza, pídele que se pase una vez por semana. No hace falta que riegue nada. Solo con echar un vistazo y avisarte si algo no va bien, ya tienes medio problema resuelto.

Vete tranquilo, vuelve a un jardín vivo

 Preparar el jardín y la piscina para las vacaciones no es complicado, pero requiere hacerlo con algo de antelación.

Revisa el riego, cuida la bomba, deja la piscina estabilizada y apóyate en esos pequeños trucos que tanto ayudan.

Con todo a punto, lo único que tendrás que hacer al volver será deshacer la maleta y darte un baño.

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