Opinión

Algo sobre la tolerancia

Los seres humanos somos seres sociales por naturaleza, desde el primer minuto de nuestra vida dependemos de alguien para poder subsistir.

Siempre se tiene la necesidad de estar en contacto con otras personas para desandar caminos en las diferentes etapas de la vida, en la infancia los mayores guían y cuidan, en la adolescencia se siente el control de los adultos que hasta suele llegar a molestar, pero lo contrarresta esa tentación y necesidad de compartir nuevas experiencias con quienes atraviesan por esa misma etapa.

Siempre se van buscando los pares, los niños se buscan para jugar, los aficionados a algo buscan encontrarse con gente con sus mismas aptitudes e inquietudes, eso es parte de la vida, lo cual no significa que se tenga que andar en la eterna búsqueda hasta encontrar almas «gemelas», de esas que piensan exactamente igual, porque cada persona tiene sus particularidades y es también, productos de sus propias circunstancias.

En la vida de adultos siempre se comparten momentos con alguien, hasta las personas más solitarias tienen que relacionarse aún a su pesar: con su médico, con sus compañeros de trabajo o con el pescadero que le atiende cuando va a la compra.

No se entiende nuestra estancia en el mundo sin relaciones, ya que, en mayor o menor medida, estamos siempre en contacto con otros.

Claro está que no siempre es grato hacerlo, con algunas personas da gusto hablar, aunque no se coincida totalmente, siempre da pié a debates e intercambios agradables.

Con otras personas, en cambio, puede resultar desagradable el debate y la charla porque, cuando no se coincide conceptualmente, resultan en vano aquellas conversaciones que no llevan a buen puerto.

Eso ocurre porque no todas las personas guardan las formas a la hora de expresar sus discrepancias, sobre todo cuando tienen que oír y respetar una opinión opuesta a lo que sienten.

Las discusiones también forman parte de las relaciones humanas, y las reacciones llegan a ser de lo más diversas: están quienes definen cortar por lo sano y acabar con el tema sin llegar a levantar la voz, otros, en cambio, llegan a acalorarse al punto de perder las formas. 

En temas delicados, las pasiones suelen tomar protagonismo, incluso por encima de la educación. Algunos toleran aunque no compartan lo que escuchan, otros no. Es parte de la vida.

En esa instancia el planteamiento podría ser el siguiente: ¿qué es lo más acertado, mantener la calma y ser tolerante? Claro que habría que detenerse en lo que significa realmente ser tolerante:

Dicen que la tolerancia implica un respeto íntegro hacia el otro, sea hacia sus ideas, sea hacia sus creencias, las mismas que no coinciden con el criterio propio.

Llegados a éste punto, podríamos entender que sí se pueden tolerar otras conductas, otras manifestaciones, otras posturas sin que ello signifique una sumisión.

Tolerar es correcto, pero aguantar y soportar podría resultar agotador. También cabe analizar qué se tolera, porque, como decía un sabio:

«La tolerancia es un crimen cuando lo que se tolera es la maldad.»

Piensa que todo es bueno o malo dependiendo del uso que se le otorgue, un cuchillo, por ejemplo, es un elemento práctico si se lo utiliza para cortar, pero también se podría cometer una agresión a otra persona con ese mismo cuchillo.

Recuerda que todo tiene su límite y su razón de ser, la tolerancia también. No es necesario que te conviertas en la persona más tolerante, porque tu misión en la vida no es la de aguantar lo que consideras grave y nocivo.

Por último, ten cuidado con lo que toleras, porque le estás enseñando a la gente cómo tratarte. Respetarse es quererse bien, nunca te olvides de ti, otórgate el valor que tienes, es lo que te ayudará a ser feliz.

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