La conveniencia e inconveniencia de legalizar las drogas

¿Prohibicionismo o legalización?

El debate sobre legalizar las drogas se ha reanudado tras las declaraciones de Felipe González, quien aboga por su legalización a nivel internacional.

Este delicado asunto afecta a elementos tan diversos como la economía, la política, la educación, la seguridad ciudadana, la familia, la salud… y provoca que la decisión óptima sea, desgraciadamente, “la menos mala”.
A continuación se listan los pros y los contras de la legalización:

A favor:

  • La despenalización supondría un fuerte golpe a las finanzas de los cárteles de la droga y limitaría su capacidad para comprar influencias, corromper autoridades y crear grupos de interés.
  • La legalización retraería la adulteración de las drogas y el aumento del consumo se compensaría con el control de la calidad.
  • La disminución en los precios reduciría la cifra de delincuencia drogoinducida.
  • Legalizando y reglamentando el consumo de drogas no se resuelve el problema de la drogadicción, pero se piensa que sí aniquilaría al narcotráfico, poniendo fin a la guerra que se libra actualmente en México entre el Gobierno de Felipe Calderón y el crimen organizado, así como entre los diferentes cárteles, que ha causado la muerte a más de 30.000 personas desde el año 2006.
  • La legalización generaría cientos de millones de euros en ingresos por impuestos.
  • La reversibilidad de esta decisión. En el peor de los casos, se podría regresar al actual sistema prohibicionista.

En contra:

  • La legalización implicaría una normalización del consumo y la aceptación por parte de la sociedad de que no es una conducta censurable.
  • El menor precio y la mayor disponibilidad y legitimidad provocarían un imponderable aumento en la demanda.
  • Legalizar la droga produciría un impacto en su oferta y su demanda, pero no resolvería los problemas de conducta irracional de los adictos.
  • La legalización produciría la ilusión de que los delitos han desaparecido. Sin embargo, la adicción y los problemas que esto genera seguirían presentes.
  • Prohibir la venta a menores de 18 años motivaría la aparición de un doble mercado. No se terminaría del todo con el narcotráfico, que ahora tendría unos ingresos fijos, estables y constantes procedentes de la venta a una clientela “legal” y más amplia, y unos ingresos extraordinarios procedentes de la venta ilegal a menores de 18 años.
  • Los cárteles del narcotráfico, en su afán por incrementar su rentabilidad y sus beneficios, incrementarían sus esfuerzos en atraer y fidelizar a clientes menores de edad, más rentables y corrompibles.
  • El elevado precio de las drogas es consecuencia del prohibicionismo. En la medida en que la distribución y comercialización de drogas es más difícil y arriesgada, su precio se eleva, dado que a mayor riesgo, mayor rentabilidad. La guerra contra los cárteles del narcotráfico genera una escasez en la oferta de drogas. Esta escasez de oferta genera un aumento del precio del producto y mejora la rentabilidad del negocio. Teniendo en cuenta que ‘beneficio = margen x rotación’, la legalización disminuiría los beneficios de los cárteles en la medida que disminuiría su margen de beneficio, pero no pondría fin a su negocio, que continuará resultando rentable. Por otra parte, incentivaría a los cárteles a perseguir un mayor beneficio por rotación.
  • Existen precedentes con resultado desfavorable: los experimentos de legalización llevados a cabo en Alaska, Inglaterra o Suiza han terminado por regresar al prohibicionismo. Holanda es el único país que no ha dado marcha atrás a la despenalización del uso de las llamadas “drogas blandas”. Su consumo, en consecuencia, ha crecido en más de un 200%.
  • Independientemente del efecto que tendría sobre el narcotráfico, la legalización no afectaría positivamente –sino más bien negativamente- a la drogadicción, ni a muchos de sus efectos: absentismo laboral, seguridad social, desintegración familiar, fracaso escolar, psicopatologías,…

Abordar el problema por el lado de la demanda

No hay duda que el problema es complejo y requiere un enfoque integral, equilibrado y coordinado. La legalización tendría, como hemos visto, efectos positivos y negativos, pero ninguno que favorezca la educación o muestre a la población los trastornos producidos por esta lacra.

Como hemos comentado, la disminución de la oferta provoca un aumento del precio del producto, ergo incentiva a incrementar de nuevo dicha oferta. De este modo, el problema persiste…

Por el contrario, la disminución de la demanda provoca una reducción del precio del producto, y por tanto, reduce los beneficios de los ofertantes, luego reduce el interés en producir este producto y no estimula la entrada en el mercado de nuevos agentes.

¿Cómo se disminuye la demanda? Para abordar este problema por el lado de la demanda es necesario contribuir al desarrollo y mantenimiento de un entorno favorable, algo que desafortunadamente no abunda en la actualidad.

Es necesario invertir fuertemente en educación, en concienciar a la población de los males de esta práctica, tanto de las personas y familias que destroza como de la violencia y la corrupción que genera. Es necesario incorporar servicios de asesoramiento, tratamiento, rehabilitación, prevención de recaídas e inserción social. En definitiva, es necesaria la ayuda de todos.

La doble moral

El problema del actual sistema es que se persigue y penaliza al narcotraficante pero no al consumidor, prueba evidente de la doble moral de la sociedad en que vivimos, donde resulta ilegal comercializar un producto cuyo consumo es legal.

Independientemente de las ventajas e inconvenientes de la legalización y la prohibición, el actual sistema prohibicionista debería ser más consecuente y no una “solución a medias”. Si la prioridad, más allá de la libertad del individuo, es la prohibición de las drogas con el fin de abatir su demanda y su oferta, la medida más adecuada consistiría en penalizar duramente no sólo a los traficantes, sino también a los consumidores, sea cual sea la cantidad poseída o consumida.

Esta sería la única forma de disuadir al consumidor, contraer la demanda, debilitar a los cárteles y abordar el problema por el lado de la demanda, ya sea por las buenas –educación y prevención- o por las malas –prohibición y sanción-.

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