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Pre-parados: o cómo relativizar una crisis

Publicado por on oct 8th, 2010 para la categoría General. Puedes seguir las respuestas a travez de RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o trackback a esta entrada

¿Crisis? ¿Qué crisis?

El diario El País publica desde mediados de septiembre una sección especial titulada Pre-parados, donde ofrece a los jóvenes españoles la oportunidad de compartir sus pensamientos y experiencias relacionadas con la crisis actual.

Después de leer todos los artículos de la sección, a uno le embarga una extraña sensación de rabia. Rabia hacia el sistema actual, viciado y corrupto, desequilibrado y frustrante; y rabia hacia uno mismo, hacia una generación, la nuestra, tan mal acostumbrada, tan impotente, tan engañada, tan crédula…

Los artículos que se pueden leer son en su mayoría el grito desesperado de una generación que se siente incomprendida y no comprende. Casi todos ellos son licenciados con una serie de méritos formativos muy destacados: varios idiomas, maestrías, doctorados, becas de investigación, reconocimientos, publicaciones, estudios en el extranjero… todos se quejan de la dificultad de conseguir no ya un empleo acorde a su formación, sino un empleo.

Ante tal panorama, uno se pregunta qué funciona mal en este país. Unos culpan al Gobierno, al que ven como el principal responsable de la crisis actual –todas las potencias han sufrido los efectos de la crisis-; otros culpan además al Gobierno de su incapacidad para encontrar una solución –la gran mayoría de las potencias antes citadas se han repuesto y caminan con paso más o menos firme hacia la recuperación-, otros culpan a las empresas de aprovecharse de la situación y explotar a sus trabajadores; otros se han cansado de esperar y han salido al extranjero a buscar lo que aquí no encuentran; otros se han conformado; otros simplemente se quejan con o sin razón, con o sin conocimiento de causa…

Cada uno tiene su visión. Pues bien, la mía es que la crisis de este país es una crisis más psicológica que real, un desajuste entre lo que nos prometieron y nos creímos y lo que ahora tenemos. Pienso que la crisis es un problema de expectativas creadas pero inalcanzadas.

No me atrevo a menospreciar los problemas de una población que se siente frustrada, que en muchos casos lucha, que da el máximo pero no llega. Asumo mi parte de culpa. Yo también me he dejado engañar, yo tampoco aporto soluciones, yo tampoco conozco la respuesta, yo tampoco creo empleo.

No culpo al Gobierno. Quienes dirigen nuestro país son los mejores de entre quienes han decidido cargar con esa responsabilidad. Es cierto que ser el mejor no siempre conlleva ser infalible, ni siquiera bueno o capaz, pero esto es lo que tenemos y lo que hemos elegido…

Entiendo que ciertas noticias y opiniones sean difíciles de digerir. Distingo entre lo que “vende” y lo que “no vende” y no me cabe duda de que el poder de la prensa supera lo imaginable. Opino que se tiende demasiado al sensacionalismo, al tremendismo, a la excentricidad como forma de diferenciación, al aplauso fácil.

Desde niños nos han inculcado, a nuestra generación más que a ninguna otra, la importancia de ser el mejor, la competitividad, la independencia, la belleza, la perfección, el éxito.

Decía Borges que el tema de la envidia es muy español, que los españoles siempre estamos pensando en la envidia, que para decir que algo es bueno decimos que es envidiable.

Lo que nos ocurre a los jóvenes españoles es que no soportamos tener un rol secundario. Nunca lo hemos tenido, porque hemos crecido en un ambiente donde se nos ha dado todo, o casi todo. No soportamos tener que esperar nuestro turno, no soportamos no tener la oportunidad de demostrar lo que realmente valemos; y sin embargo, olvidamos o dejamos de lado a quienes están por debajo de nosotros, olvidamos que vale más ser extra en una comedia que protagonista de un drama.

He tenido la fortuna de viajar por medio mundo, de vivir en otros países, dentro y fuera de Europa… he tenido la fortuna de conocer a personas de diferentes lugares y culturas, con diferentes puntos vista. Hoy son grandes amigos en la distancia: en India, en Egipto, en Tailandia, en Argentina, en Nicaragua.

Los españoles somos también muy propensos al “ojos que no ven, corazón que no siente”. Nacemos –nadie elige nacer ni dónde nacer- con pasaporte europeo y creemos tener unos derechos mínimos garantizados. “Si en tu país vienen mal dadas, al menos tú tienes la opción de irte fuera”, me dice mi amigo de India, que necesita un visado y un permiso de trabajo para entrar en prácticamente todos los países del mundo. “Es triste, sí, pero…”, se limitan a decir mis amigos de Sudamérica y Centroamérica, dando a entender que no somos los únicos afectados por la crisis mundial, que nuestra situación, por triste que parezca, sigue resultando “envidiable” para muchos; que seguimos siendo la 12ª potencia mundial, y que la población de Rusia, Brasil, China o India -por citar algunas “potencias” que nos superan en el ranking- goza de una calidad de vida considerablemente peor.

Respeto a quien no comparta estos ideales, los mismos que intento transmitir en el artículo que ayer publicaron en El País.

Pienso que ni las reformas del Gobierno, ni siquiera un cambio de Gobierno, ni la productividad –y por consiguiente, la salud económica y financiera de las empresas-, ni la calidad ni la orientación de la enseñanza, ni la actitud de una generación de jóvenes más titulados que preparados, auguran una pronta y feliz recuperación.

Conocemos la situación, no hay excusas para dejarse engañar de nuevo… así que aceptémosla cuanto antes, dejemos de llorar, y que cada uno decida lo que más le conviene. Pero dejemos de culpar al Gobierno, de culparnos los unos a los otros, dejemos de lamentarnos por lo que nos prometieron y no cumplieron, por todo lo que nos creímos y lo engañados y estúpidos que ahora nos sentimos. Aceptemos nuestra parte de culpa. Lo que aquí tenemos y lo que nos espera ya lo conocemos… Sólo nos queda conformarnos o cambiar el rumbo. No es mucho, pero es lo que hay.

Relativicemos el problema, superémoslo, y sigamos hacia adelante. La verdadera crisis es la guerra, el hambre y el caos; es la foto de la entrada, la misma que El País publica hoy, pero de la que no hace ningún reportaje especial, porque a nadie interesa, porque “no vende”…

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3 Respuestas para “Pre-parados: o cómo relativizar una crisis”

  1. germanbg dice:

    Es evidente que tienes razón, nada es justo. Que nos diferencia de sudamérica o india, lo cierto es que como seres humanos nada de nada, somos iguales.
    Ahora bien, esta crisis no esta bien llevada por el gobierno, España no es India, y a los jóvenes se nos deben dar oportunidades, como se ha hecho siempre en nuestro país. Estamos mejor preparados que nunca y resulta que solo se busca experiencia…
    Desgraciadamente no veo como se puede relativizar el problema en un sistema capitalista como es el nuestro. Por desgracia el dinero y el trabajo hoy por hoy es todo.

  2. Fernando dice:

    Está claro que España no es India. Ellos tienen sus problemas y nosotros los nuestros, la organización es muy diferente… pero no por eso, y a eso se refiere el artículo, se debe creer que sus problemas son fruto de errores sólo suyos y los nuestros son culpa sólo del Gobierno y de que “todo está mal gestionado”…

    Toda Europa está sufriendo el mismo problema. En Berlín hay mileuristas también… en Londres hay economistas que buscan trabajo de camareros para pagarse el piso y esperan volver a reengancharse en su sector dentro de poco… en Francia a los jóvenes les pagan una mierda… ya van por su 7ª huelga… y eso que en Europa están mejor preparados que nosotros, aceptémoslo, no son sólo titulados como la mayoría de nosotros, que salimos de la universidad con cuatro conceptos básicos en la cabeza y nos creemos los reyes del mambo.

    La experiencia manda, o al menos, parece que va a mandar en el tiempo que nos va a tocar vivir… A mí me duele como al que más, me toca de lleno, pero si no tengo experiencia, reconozco que no puedo aportar lo mismo que alguien de 40 años que conoce el negocio, aunque no tenga estudios, no hable idiomas y hasta aunque parezca un poco “lento”.

    Habrá que ir ganándose el puesto con los años… y hasta entonces, aguantar.

    Espero que ninguno de los dos artículos suene derrotista ni demagogo, no es la intención… La intención es dar una perspectiva más amplia, es aceptación, es relatividad, es paciencia y es superación.

  3. Ruben Ros dice:

    Magnifico Fernando.

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