
Me van a perdonar ustedes que les haga referencia a un tema tan banal, pero llevo dos días sumido de forma involuntaria en informaciones diversas sobre la Pasarela Cibeles.
No debo estar muy al día en esto de la gente “cool” y el glamour, ya que un servidor llega justito al standard de elegancia que le hace ir por la vida sin sentimiento de ridículo, por lo que me resulta difícil comprender cual es ese atrayente que impulsa incluso a la realeza (¡¡que honor Sra Dña Letizia!!), a disfrutar de los vaivenes de jóvenes escuálidas enfundadas en ocasiones en vestidos imposibles, algunos hasta con bolitas de colores (como la de los parques infantiles) adosadas primorosamente a los vestidos, palabrita del niño Jesús.
Esto de la moda ha avanzado y evolucionado tanto, que suceden cosas que escapan a mi alcance. Hace cuestión de unos meses supe de la existencia de complementos con poderes, si, al estilo “Superman”. Sirva de ejemplo a lo citado anteriormente las pulseras power-balance que aumentan características humanas tales como fuerza o flexibilidad sin entrenamiento alguno, solo con llevarla sobre la muñeca, así a modo de anillo del poder de Saurón. Si señores, el futuro es hoy.
Incluso fíjense ustedes cuan verde estoy en este tema que aún me sorprendo cuando sale en la televisión alguna que otra señora entrada en años y “entendida de la moda” con un sombrero con algún que otro helecho sobre él, simulando un bello jardín ambulante. Que primoroso resulta a la vista.
Por vestir, ya se viste y adorna hasta la forma de nuestro cuerpo, deformándolo y transformándolo como si se tratase de moldeable plastilina. Cuerpos, a mi conservador parecer extraños, alienados por múltiples sustancias, agujas y hasta finos y delicados toques de martillo que crean obras de arte similares en cierto grado al arte clásico, como el “David” de Miguel Ángel, ver la nariz de Belén Esteban.
En fin, no me extrañaría que como en la leyenda, algún día un niño diga que el rey está desnudo…
Entradas relacionadas:



